
Ya está en marcha la movida "Marito eterno". No importan las razones -aunque resulte fácil intuirlas- por las cuales un entrenador sin trayectoria en primera, y sin espalda para enfrentar a la logia veterana que maneja el plantel, tiene que hacerse cargo del trabajo sucio que los dirigentes no se animan a liderar. Lo importante es instalar la idea de que es el indicado para llevar adelante el "proyecto" que intenta emular -y muchos ya envidian- a las instituciones modelo del fútbol argentino. En eso están compenetrados todos. El presidente, ratificando la confianza a cada rato; el impresentable vice, haciendo campaña por los medios; y el chupalerche primero, taladrándole el cerebro a oyentes y lectores con su apoyo a ultranza de la flamante etapa.
Curiosidades de la falsa pertenencia. Al comparar el discurso de los dos últimos surge una sugestiva coincidencia que lleva a pensar en dos alternativas posibles; o se juntaron a planificar estrategias o uno copia, con premeditación y alevosía, el chamuyo del otro. Más allá de cuestiones aleatorias, sería bueno saber ¿por qué el jefe de deportes del pasquinejo vernáculo se juega tan abiertamente a favor de esta gestión? Nunca una crítica, ni siquiera tangencial; nunca un análisis cuestionador; nunca una mirada profunda a los abismos del fracaso sucesivo. Lanzar todos los dardos hacia los ocasionales protagonistas es cortar el hilo por lo más delgado. Argumento simplón, dirigido intencionalmente a desviar las verdaderas responsabilidades.
Repasando el pasado reciente, un caso emblemático, que generó un escándalo de proporciones, hace pie en la memoria. Parodista porteño, estrella en canal de cable ex apropiador de goles, cobraba una suculenta suma mensual de uno de los grandes -hoy en promoción- en concepto de "asesoramiento institucional" por defender ante cámara a una administración corrupta, finalmente premiada por el don. ¿Cualquier parecido con la realidad doméstica será pura coincidencia? ¿Qué grado de credibilidad puede tener un personaje que, cada vez que abre la boca o escribe una línea, parece más un empleado de la entidad que un digno representante del oficio? Determinadas prácticas no despiertan sospechas, sencillamente abonan la certeza.
Es una moda nacional; pero, construir un relato de la realidad totalmente opuesto a lo que los hechos muestran, tiene sus contraindicaciones, sobre todo en el fútbol, donde la pasión domina el territorio de la ideología. Vender grandezas intangibles debería ser considerado una estafa. Lamentablemente, así como hay traficantes de ilusiones, especialistas en comercializar artificios, siempre hay desprevenidos dispuestos a comprar ficciones sin dudas ni reparos. Está claro que la afición no exigiría nada si no hiciera diez -¡diez!- torneos que le están asegurando la envidia de los grandes y glorias que nunca llegan. "La paciencia tiene un límite", dice el acervo popular que no sabe de la mansedumbre sabalera.



A cuatro fechas del final, una realidad incontrastable se apodera de las ilusiones de la afición y las hace trizas. Equipo de mitad de tabla; relleno, en una categoría donde siempre son otros los que se destacan. Algunas razones empujan la bronca generalizada. Una de ellas, el insoportable discurso que hace diez -¡diez!- torneos cortos se va en promesas vacías de contenido. Otra, la falta de convicción para usufructuar una coyuntura que algunos, en igualdad de condiciones, supieron ver y aprovechar. Mientras tanto, la pasividad le abre la puerta a las elucubraciones con vistas al próximo semestre. Una buena de forma de saltar, sin escalas en la reflexión, hacia el futuro. La memoria no es necesaria cuando el fútbol representa un jugoso negocio para unos pocos y un entretenimiento de bajo costo para muchos.

El fútbol argentino es el fiel reflejo de la sociedad que lo cobija. Y el "todo pasa", como nunca antes, el slogan que guía sus destinos. Arbitros corruptos, dirigentes en rebeldía ocasional, corporativismo interesado, premios y castigos, silencios cómplices, cinismo en cantidades siderales y un negocio multimillonario sin control. El aroma nauseabundo que emana de la entidad madre ya se siente en todos los rincones, aunque el don minimice por un lado e intente tapar por otro. El poder construido a lo largo de más de treinta años está en el ocaso, lo grave es que el maestro, como buen docente, ha sabido sembrar la semilla con constancia y aplicación. Cualquiera de sus discípulos está capacitado para continuar en la misma línea y hasta profundizarla.