A cuatro fechas del final, una realidad incontrastable se apodera de las ilusiones de la afición y las hace trizas. Equipo de mitad de tabla; relleno, en una categoría donde siempre son otros los que se destacan. Algunas razones empujan la bronca generalizada. Una de ellas, el insoportable discurso que hace diez -¡diez!- torneos cortos se va en promesas vacías de contenido. Otra, la falta de convicción para usufructuar una coyuntura que algunos, en igualdad de condiciones, supieron ver y aprovechar. Mientras tanto, la pasividad le abre la puerta a las elucubraciones con vistas al próximo semestre. Una buena de forma de saltar, sin escalas en la reflexión, hacia el futuro. La memoria no es necesaria cuando el fútbol representa un jugoso negocio para unos pocos y un entretenimiento de bajo costo para muchos.Como este torneo ya es cosa juzgada, y a nadie se le ocurriría pedir las explicaciones del caso, el tiempo de la dirigencia está a punto de largada bajo la atenta mirada de los desesperados por lo que vendrá. Hace falta una limpieza profunda, formar un plantel competitivo y salir en busca de un entrenador serio y con aspiraciones. Los antecedentes no auguran un cambio de dirección en quienes deben tomar decisiones y definir ambiciones. De todos modos, en el inicio, descuentan que contarán con las expectativas renovadas de la masa que apoya sin cuestionamientos de ninguna especie, tal y como se ha dado hasta el día de la fecha, a pesar de los sucesivos fracasos. Los replanteos, las autocríticas, seguirán siendo parte de una humildad inexistente; peligroso cuando lo que está en juego es la identidad de una institución centenaria.
Para el análisis quedan las palabras del entrenador una vez sentenciada la derrota. "Soy consciente de que estos cuatro partidos son importantes", señaló respecto de la continuidad. Sus propias limitaciones le están marcando un plazo. Y sin querer, sus dichos exponen la ineptitud del primer mandatario en cuanto a determinaciones futbolísticas. Vale recordar que hace pocos días, según publicó el pasquinejo vernáculo, en medio de una convocatoria patrocinada por el técnico, le pidió que comenzara a delinear la pretemporada venidera. Como si esto fuera poco, y prácticamente al unísono, el parodismo obsecuente, lanzó como primicia que el promovido ya tendría agendadas sus primeras incorporaciones. En el universo dominado por la de cuero, los papelones, así como resultan moneda corriente, pasan al olvido a velocidad luz.
APOSTILLAS
Haciendo cumbre. La figura del excelentísimo señor presidente está siendo reconocida a nivel nacional. En la edición digital de un medio porteño, de perfil independiente, apareció en tapa sindicado como uno de los "bufones del rey". Respecto de su rastrera postura "síjulista", un par opinó que "está convencido de que si sigue así, Colón va a salir campeón". ¡Está al caer la decantación!
Epidemia de estación. En medio de los micrófonos post partido, el conductor del equipo se dedicó a relatar las incidencias del juego cual comentarista de campo con problemas de visión. "Debió haber sido empate", sentenció, tratando de ponerle un manto de piedad al bochorno. Si el análisis sincero no pasa por la toma de conciencia de la realidad, difícil será encontrar la salida. ¡Va de nuevo!
Trozo de pan. Uno de los más criticados fue el juvenil seleccionado que aún hoy sueña con el rival que le tocó marcar. Sería bueno saber qué responsabilidad les cabe, en lo que a formación se refiere, a los entrenadores que lo tienen bajo su ala. Porque la historia no termina cuando a un purrete se lo tira en primera. Sin perfeccionamiento no hay desarrollo. ¿Ser o no ser? Esa es la cuestión.
Salvavidas de plomo. El chupalerche primero está jugado al mango. Al parecer, la consigna es bancar la continuidad, a costa de lo que sea. Antes que su sobre mengüe, que el recorte pase por otro lado. "Aunque pierda los cuatro partidos que quedan, por lo menos se merece la oportunidad de armar un equipo", sentenció, en apoyo del técnico, con vistas a la próxima temporada. ¿No será mucho?
El fútbol argentino es el fiel reflejo de la sociedad que lo cobija. Y el "todo pasa", como nunca antes, el slogan que guía sus destinos. Arbitros corruptos, dirigentes en rebeldía ocasional, corporativismo interesado, premios y castigos, silencios cómplices, cinismo en cantidades siderales y un negocio multimillonario sin control. El aroma nauseabundo que emana de la entidad madre ya se siente en todos los rincones, aunque el don minimice por un lado e intente tapar por otro. El poder construido a lo largo de más de treinta años está en el ocaso, lo grave es que el maestro, como buen docente, ha sabido sembrar la semilla con constancia y aplicación. Cualquiera de sus discípulos está capacitado para continuar en la misma línea y hasta profundizarla.
Las deudas futbolísticas, tarde o temprano, se pagan, por esa sencilla razón que los propios protagonistas esgrimen cuando un resultado les es adverso. La cuestión de la revancha cada fin de semana posibilita las amortizaciones, la clave está en mantener la regularidad. Ahí es donde se establecen las diferencias entre los equipos que pelean por algo y los que navegan en la intrascendencia. Para propiciar el reencuentro con el triunfo en condición de local, y de paso achicar el pasivo, nada mejor que un rival en descenso directo. La debilidad del oponente no admitía excusas. Así lo entendió el entrenador, quien aprovechó la oportunidad para poner en marcha el "replanteo táctico y de nombres" con que intentó hacerle frente a las críticas luego de la última y estrepitosa derrota.


La decisión tomada parece encubrir un oscuro trasfondo. En la instancia definitoria, no sólo habría pesado la certeza de que un hombre de la casa obraría como escudo ante el insulto generalizado en caso de hecatombe total. El excelentísimo señor presidente no sabrá nada de fútbol pero en cuestión de matufias, está comprobado, es mandado a hacer. No cabe duda de que, antes de la unción, todos los escenarios fueron evaluados. A saber. Si le va bien, "ganamos todos". El elegido tocaría el cielo con las manos y el autor intelectual se llevaría todos los aplausos. Si alcanza la media, "zafamos". Podría seguir, como no. Según las circunstancias, cabría evaluar la continuidad; un premio que, de paso, escondería los problemas económicos. ¿Y si le va mal?