
El adora ser el centro. Justamente, esa es una de las razones por las que decidió que SF debía ser su lugar en el mundo, pues en ningún otro lado sería merecedor de tanta idolatría. La ecuación es sencilla. El rey de la comarca sabalera sabe que una marca histórica lo posicionó en lo más alto de la estima de una masa que no conoce de razonamientos profundos ni de reflexiones trascendentes. Lo que pasa por los pies, nunca llega a la cabeza. En tierra conquistada, la multitud de súbditos la tiene asegurada. Sólo así se entiende la caterva de serviles que salieron en su defensa esta semana, cuando su nombre quedó en el ojo de la tormenta por un supuesto acto de discriminación racial. Cuestión incomprobable sin testigos presenciales.
Más allá de este último caso, el veterano goleador tiene un vasto prontuario en igual sentido. Sólo hay que remitirse a los últimos sucesos que lo tuvieron como protagonista en hechos similares. El año pasado, mantuvo una polémica con un jugador del último rival del rojinegro, de quién dijo, entre otras cosas: “Yo sé de dónde viene, conozco muy bien su vida y su familia” (¿?). Resulta obvio que su intención no fue destacar la alcurnia de los orígenes del apuntado. En el mes de febrero, en ocasión de la disputa del segundo encuentro de la fase eliminatoria de la copa, tuvo conceptos despectivos para con el árbitro del encuentro por su condición de “paraguayo”. Debido a semejantes antecedentes no sería extraño que haya dicho lo que dice el afectado que dijo.
Tampoco llamó la atención la supina ignorancia con que los medios vernáculos trataron el tema. Dejando de lado los interesados conceptos del séquito obsecuente, que no sabe hacer otra cosa que palmearle el hombro al interminable delantero como si su subsistencia dependiera de hablar maravillas de él, el resto intentó trazar un parangón entre el insulto común y corriente, que todos los protagonistas regurgitan en medio del fragor de una contienda, con un directo ataque verbal de tinte racista. Dos asuntos bien diferentes. Por algo existe legislación al respecto. De todos modos, lo más probable es que el incidente no pase a mayores, aunque ambas partes hayan amenazado con denuncia formal de un lado y carta documento del otro. El color no hace la diferencia.
Cuando ciertos discursos entran en fase terminal, nada mejor que resucitar viejos fantasmas. Una vez finalizado el encuentro, la noticia no pasó por el desarrollo del partido, por la actuación del equipo, por el resultado adverso, por el pésimo arbitraje. En esta oportunidad, la tapa fue para el entrenador, quien con sus declaraciones desempolvó la fábula de la mano negra que acecha a 




Para una buena levantada, nada mejor que enfrentar a un rival en situación terminal. Según el mediocre razonamiento que impera en ciertas madrigueras vernáculas, en especial el de quienes viven buscando el más mínimo resquicio de donde sacar ventaja, un adversario disminuido, desde todo punto de vista, es la presa perfecta en casos de necesidad y urgencia. Declamar sin vergüenza que es preferible hacer leña del árbol caído antes que sudar para derribarlo en todo su esplendor, no dignifica; muy por el contrario, semejante manifiesto se transforma en una muestra contundente de la poca confianza que inspira el que pretende renacer de sus cenizas. Superar al mejor, en su mejor condición, es otra cosa.

La gloria se va alejando, empate a empate. Y la muchachada exuda impotencia. Tal vez en cancha, la actitud y el fútbol parezcan repuntar de a poco, pero es indudable que algo quedó en el camino. La motivación para pelear por objetivos importantes, ese fuego sagrado que sienten en su interior los que aspiran a destacarse y trascender, ya no se manifiesta en las miradas ni en los gestos de los protagonistas. Hoy, hasta las palabras suenan agotadas. Si bien todos apuestan a salir del atolladero, el circuito de generación de juego se corta abruptamente al momento de la definición. Ni siquiera la pelota parada, que tanto rédito dio en torneos anteriores, aporta la posibilidad de quebrar la resistencia del rival. Y las fechas pasan.
