
Para olvidar rápidamente la vergüenza del seis a cero del fin de semana pasado, nada mejor que repasar los conceptos más jugosos del monólogo que brindó, por espacio de una hora, el excelentísimo señor presidente en las mañanas obsecuentes y que el pasquinejo vernáculo cercenó en demasía, privando a los lectores de ahondar en las profundidades del preclaro pensamiento de un prócer contemporáneo. En primera instancia, y como síntesis de su periplo acompañando a la selección nacional, expresó su alegría – “me pone contento”, dijo– porque los nipones no conocen el nombre del presidente argentino pero sí saben quiénes son los dos mejores jugadores de todos los tiempos de la celeste y blanca. ¡Un sentimiento mundial!
Respecto del nimio detalle que el goleador histórico tiene pendiente con la justicia, en función de rescatar su figura en medio del trance que le toca vivir, esforzándose por despegarlo del hecho en cuestión y tratando de llegar hasta la fibra más íntima de la afición, señaló, a modo de metáfora: “Yo sería el primero que le pediría a los hinchas, y seguramente estarían atrás todos, que juntemos fondos para solucionarle el problema impositivo a Fuertes, y todos estarían juntando más plata para él que para la institución; él que es ídolo del club, y que hoy hay que rescatarlo, reivindicarlo y apoyarlo y hay que hacerle corregir los errores que le hicieron hacer, no que hizo de motu propio”. ¡Conmovedor! ¡Hasta las lágrimas!
En tanto, no dejó pasar la oportunidad para tirarle con munición gruesa al innombrable, desligando a los demás ex dirigentes involucrados en el proceso judicial –posibles votos, en diciembre– y destrozando la imagen de quien podría restarle muchos sufragios si llegara a bendecir a una lista opositora en las próximas elecciones. “Está bueno que alguien [él, por supuesto] lo titularice [recontrasic], o lo diga; esto [los procesamientos resueltos por el juez que entiende en la causa de evasión impositiva] no tiene nada que ver con HD, ni con DD, ni con el pobre BC, ni con el ídolo EF, ni con GH (…), la responsabilidad es de una gestión prolongada en el tiempo que la historia está ubicando en su lugar”. ¡Campana de largada!
La falsa pertenencia sigue marcando hitos en lo que va de su brillante gestión. Semejante vergüenza, como la del domingo, quedará escrita con sangre en los anales de la entidad por los siglos de los siglos. Estos dirigentes, este flamante cuerpo técnico –también el anterior– y estos profesionales, cargarán sobre sus hombros la pesada mochila de una goleada histórica. ¿Podrá el sabalé recomponer su imagen frente al líder del torneo en la próxima fecha? Pinta para misión imposible. Las preguntas se suceden. ¿Qué pasó para que los referentes terminaran pidiéndole “piedad” al adversario? ¿Error en el planteo táctico? ¿Deficiente interpretación del libreto? ¿Bajos rendimientos individuales? ¿Pésimo estado físico? Un poco de todo y más.




Luego de meses de desconcierto, un triunfo no sólo nutre el ánimo de los jugadores, también potencia las expectativas del debutante. Sin embargo, bien valdría rascar un poco la cáscara. Analizar noventa minutos según la producción de cuarenta y cinco es contar una verdad a medias. Hacer hincapié en la muy buena actuación del primer tiempo, evitando examinar la respuesta del equipo durante el segundo es manipular la realidad. “Terminamos sufriendo”, sentenció el arquero una vez finalizado el encuentro. Y es exactamente en ese punto donde la victoria no debe nublar la observación profunda. Tampoco habría que soslayar la parte que le corresponde a un rival que ofreció innumerables ventajas hasta que decidió ajustar y complicar en el final.
