
En el universo de la falsa pertenencia todo es posible. Hasta que un entrenador, que lleva años dirigiendo una división menor, madure de pronto y esté apto para la primera y sus circunstancias. Ahora resulta que, de golpe y porrazo, el excelentísimo señor presidente descubrió en el bendecido una serie de brillantes atributos que lo califican como el ideal para cubrir la vacante. Las razones esgrimidas, como cada relato dirigencial, parecieron columpiarse entre el absurdo y la mentira. Oculta, entre tanto sentimentalismo revelado, quedó la verdad. Quiera la divina providencia que la temeraria decisión no comprometa el futuro de la entidad en la categoría, porque con la misma velocidad con que les llegó el convencimiento van a tener que pedir asilo más allá de la autopista.
Para quienes se mueven con soltura en el terreno de la ineptitud, la palabra "apuesta" es una especie de estandarte cotidiano. El fútbol no es una ciencia exacta, como sí lo es el negocio que se desprende del espectáculo. Será por eso que la capacidad demostrada para incrementar patrimonios personales es inversamente proporcional a la exhibida en la cuestión que es parte del adn institucional. El apostar implica un riesgo puesto en manos del azar, se puede ganar, se puede perder. Con el torneo a la mitad, la ficha ganadora no aportaría más que una mansa medianía; la perdedora, asestaría un golpe directo al órgano vital. Una serie de derrotas provocaría una baja en los promedios, dejaría al hombre de la casa en una posición incómoda dentro de la estructura y empujaría a salir nuevamente a la caza de un saca puntos.
En resumidas cuentas, hay más por perder que por ganar. Otro punto en el ojo de la tormenta es la relación que el flamante técnico entablará con los referentes. Algunas voces de preocupación ya se han alzado respecto de la escala de jerarquías que tiene maniatado al plantel profesional. La experiencia reciente habla de una evidente falta de respeto hacia los considerados como caídos del catre. No sea cosa que al equipo lo termine dirigiendo la banda de veteranos, mientras el inexperto sólo ponga la cara. Lo cierto es que en otro contexto, la medida hubiera sido correcta; en el escenario actual, no. De todas maneras, la impronta doméstica les permitirá ahorrarse unos pesos manteniendo la mediocridad. Habrá que ver hasta cuándo la afición acepta lamer el chupetín. En cuanto se empalague, el carnicero volverá a la faena.
El estadio puso el grito en el cielo y la dirigencia no tuvo más remedio que desempolvar una decisión postergada. "El ciclo llegó hasta acá", comunicó el vocero mudo, en medio del revuelo que preanunciaba la despedida. Igual que con la temible palabra "fracaso", ningún miembro de la comisión quiso mencionar el término "despido". Confían en llegar a un acuerdo con el eyectado para no tener que ponerse con una suma millonaria. Acaso pensando en una postura reacia al acuerdo pacífico, de parte del hasta ayer entrenador, es que se escucharon voces alimentando la posibilidad de un interinato de la casa hasta fin de semestre. Después de todo, la cuestión futbolística es la menos importante para quienes tienen intereses de otro tipo.




Las aguas amanecieron divididas. Luego del triunfo del domingo, un interrogante, desprendido de esta fase surrealista, cobró fuerza entre la afición. ¿Este equipo es cosa seria o una risa? Análisis abierto. Saludablemente el entrenador cambió su gusto por marcar con tres en el fondo a cuatro, considerando algunas cuestiones que podrían haber incidido en forma negativa antes de la pitada inicial. La línea, más allá de la improvisación debido a conocidas circunstancias, estaba definida hasta una hora antes del partido; momento en que atronaron ruidos extraños. Como dato curioso puede aportarse la importante cantidad de receptores estrolados contra superficies de diversas características a raíz de una noticia impensada. "La decisión la tenía tomada el jueves", dijo. No sonó convincente.

