En los momentos más álgidos la consigna siempre ha sido la misma. Resguardar a la dirigencia y al cuerpo técnico de turno, dejando en el centro del huracán a la muchachada que no pone lo que tiene que poner. Y esta vez los protagonistas, a sólo cinco fechas del inicio, sintieron el golpe como nunca antes. Cabezas gachas, miradas bajas y espaldas anchas para atajar insultos y proyectiles de diverso calibre, marcaron el epílogo de un bochorno como tantos otros. La diferencia, en esta ocasión, estuvo en la declaración formal que partió de las gradas. Se acabó la paciencia, la historia cambia o se viene el escarmiento para todos los responsables de este lamentable presente, sin distinción de escalafón o trayectoria.
Es cierto, la temperatura fue un escollo insuperable para un equipo cansino y sin variantes que, a simple vista, parece adolecer de un óptimo estado físico; pero determinados condicionamientos no deberían dejar sin estrategia a un técnico consciente del material con que cuenta y conocedor del cielo que lo cobija. Vale recordar que el conductor admitió públicamente haber visto los dos primeros partidos del torneo y que, ya se sabe, los desocupados no le pierden pisada a los equipos con entrenadores tambaleantes. Además, cumpliendo con su función de enlace, el amigo debe haberlo puesto al corriente de las cuestiones internas que dominan el vestuario. Por lo tanto, el traspié recorta la confianza que la afición suele dispensarle a un nuevo ciclo.
Respecto de la parcialidad, está claro que dijo basta, harta del relato absurdo e inconsistente que desde hace unos años socava el sentimiento en defensa de intereses personales. Aunque algunos se hagan los desentendidos, ésta es la consecuencia de tanta charlatanería barata; que si bien en un principio dio frutos, hoy deja al descubierto la vacuidad de un proceso inflado a partir de la insana explotación del desesperado anhelo por figurar, a cualquier nivel y precio, que subyacía en el espíritu rojinegro. La realidad habla de replanteo, aunque del lado dirigencial las cosas estén cantadas con los movimientos recientes. Un cambio de actitud germinó en las gradas. Si desde adentro no hay señales, desde afuera se accionará el disparador.
APOSTILLAS
Acojonado. Protagonista absoluto de la semana, el excelentísimo señor presidente sacó el facón y tajeó a cuanto muñeco intentó robarle cartel. Repartió a diestra y siniestra en su cruzada por resultar creíble ante los socios que padecieron el clásico. Sin embargo, lastimosamente, otra vez falló. Desde todos los costados llovieron antónimos de lo que pretendió parecer.
Abatido. Una tortura fue, para el secretario técnico, la imagen que emanó del campo de juego. La liturgia del club modelo, la revolución de inferiores, el plantel de jerarquía, el proyecto más envidiado del fútbol nac&pop, se le vino abajo de golpe y le provocó flor de desencanto. Dicen sus íntimos que un dejo de arrepentimiento sobrevuela sus atribulados pensamientos.
Abrochado. El conductor procuró poner paños fríos contando una realidad edulcorada. Necesita ganar tiempo para encontrarle la vuelta al jaleo donde lo metió su camarada. Como primera medida, exámenes físicos para todo el mundo, disfrazados de evaluaciones rutinarias para algunos. No la tiene fácil, pero todavía le quedan algunos ases en la manga antes de darse por vencido.
Arrastrado. La muchachada debería saber en qué aprietos mete al chupalerche primero cada vez que ofrece una actuación como la pasada. Enfocar el pseudoanálisis en "la locura de la gente" da cuenta de lo complicado que resulta encontrarle una explicación al presente cuando se contó la historia con la voz comprada. Las pocas luces son una constante; el apagón completo, un papelón.
lunes, marzo 12, 2012
martes, marzo 06, 2012
El vivo retrato
Ante la evidencia sólo cabe rendirse sin condiciones. El antes, durante y después del clásico resultó la más auténtica expresión de la falsa pertenencia. Una cadena de situaciones directamente emparentada con la realidad que se pretende ocultar a través de un relato fabuloso, hecho a medida de oídos predispuestos. Aunque a esta altura de las circunstancias, bien valdría reconocer que cada día le quedan menos adeptos, a pesar del cambio de estrategia, germinado a partir de la necesidad de sortear un desgaste tan profundo como anunciado. Con flamante secretario técnico, con nuevo conductor, pero con los mismos vicios. Cuando el problema está en la cabeza, no hay prótesis que valga.
La historia comenzó en las horas previas, cuando la banda que ameniza el espectáculo, y se moviliza bajo la tutela del impresentable vice, dijo presente, avasallando el legítimo derecho del socio, con la complicidad manifiesta de las fuerzas del desorden. Siguió el día del encuentro, con la fiesta desbordada de principio a fin. Capacidad rebasada, afición hacinada, peligro latente; salida descontrolada, cascotes a granel, golpes, heridos, dirigencia ausente, operativo desastrozo, celebración empañada. En el campo de juego, los paralelismos siguieron su curso. La narración empezó como para quedar registrada en el bronce y terminó dándose de bruces con la certeza que impone la mediocridad.
De todas maneras, la etapa que no inició del todo bien goza de atenuantes. Los encargados de darle una lavada de cara a la pestilente dirigencia están dando sus primeros pasos. Uno cree que sus laureles pueden poner en caja hasta al más encumbrado. El otro cree que con el apoyo del primero el vestuario ondeará bandera blanca. Difícil que lluevan rosas. Todo depende del ánimo del cacique mayor, quien hace un tiempo anda mascullando bronca. Si junto a sus fieles acólitos decide acompañar el ciclo, un puesto en mitad de tabla está asegurado; si se retoba y consigue arrear a la manada hacia su pastura, los que pasarán a degüello tienen nombre y apellido cantados. En cuestión de resguardar, lo primero es la quintita.
APOSTILLAS
Logística cero. Debido a los menesteres que, muy a su pesar, lo mantienen alejado de la institución, el excelentísimo señor presidente no pudo participar de las reuniones organizativas para el trascendental duelo. El resultado del operativo demostró cuánto se sintió la falta de su preclara visión. Menos mal que estuvo firme junto al pueblo para gritar los goles como sabalero de ley.
Tolerancia cero. Los cambios pergeñados por el flamante conductor lo pusieron en el ojo de la tormenta. La afición mostró su descontento por nombres y momentos y ya puso en duda la capacidad del recién llegado. No estaría mal cubrir con un manto de piedad a quien todavía no tuvo tiempo de entrar en sintonía fina con sus dirigidos. Errar es humano, perdonar es divino.
Compromiso cero. Primero desdramatizó, después remó a favor de la corriente. "Los clásicos no se juegan, se ganan", arengó en la previa el goleador histórico. "Los jugadores tenemos que transmitir calma", dijo, calzándose el traje de líder. A los diez minutos, con una acrobática patada voladora, inauguró la lista de condicionados. Después las malas lenguas regurgitan que no tiene estado físico.
Predisposición cero. El guardameta anda un poco quisquilloso. Amonestado en el ocaso del primer tiempo por demorar y sospechado de cómplice del segundo gol local, en la retirada le puso paños fríos al asunto calificando al match como uno más entre diecinueve. Como broche de oro, con cara de pocos amigos, dejó pagando a quién lo consultó sobre la superioridad futbolística del rival.
La historia comenzó en las horas previas, cuando la banda que ameniza el espectáculo, y se moviliza bajo la tutela del impresentable vice, dijo presente, avasallando el legítimo derecho del socio, con la complicidad manifiesta de las fuerzas del desorden. Siguió el día del encuentro, con la fiesta desbordada de principio a fin. Capacidad rebasada, afición hacinada, peligro latente; salida descontrolada, cascotes a granel, golpes, heridos, dirigencia ausente, operativo desastrozo, celebración empañada. En el campo de juego, los paralelismos siguieron su curso. La narración empezó como para quedar registrada en el bronce y terminó dándose de bruces con la certeza que impone la mediocridad.
De todas maneras, la etapa que no inició del todo bien goza de atenuantes. Los encargados de darle una lavada de cara a la pestilente dirigencia están dando sus primeros pasos. Uno cree que sus laureles pueden poner en caja hasta al más encumbrado. El otro cree que con el apoyo del primero el vestuario ondeará bandera blanca. Difícil que lluevan rosas. Todo depende del ánimo del cacique mayor, quien hace un tiempo anda mascullando bronca. Si junto a sus fieles acólitos decide acompañar el ciclo, un puesto en mitad de tabla está asegurado; si se retoba y consigue arrear a la manada hacia su pastura, los que pasarán a degüello tienen nombre y apellido cantados. En cuestión de resguardar, lo primero es la quintita.
APOSTILLAS
Logística cero. Debido a los menesteres que, muy a su pesar, lo mantienen alejado de la institución, el excelentísimo señor presidente no pudo participar de las reuniones organizativas para el trascendental duelo. El resultado del operativo demostró cuánto se sintió la falta de su preclara visión. Menos mal que estuvo firme junto al pueblo para gritar los goles como sabalero de ley.
Tolerancia cero. Los cambios pergeñados por el flamante conductor lo pusieron en el ojo de la tormenta. La afición mostró su descontento por nombres y momentos y ya puso en duda la capacidad del recién llegado. No estaría mal cubrir con un manto de piedad a quien todavía no tuvo tiempo de entrar en sintonía fina con sus dirigidos. Errar es humano, perdonar es divino.
Compromiso cero. Primero desdramatizó, después remó a favor de la corriente. "Los clásicos no se juegan, se ganan", arengó en la previa el goleador histórico. "Los jugadores tenemos que transmitir calma", dijo, calzándose el traje de líder. A los diez minutos, con una acrobática patada voladora, inauguró la lista de condicionados. Después las malas lenguas regurgitan que no tiene estado físico.
Predisposición cero. El guardameta anda un poco quisquilloso. Amonestado en el ocaso del primer tiempo por demorar y sospechado de cómplice del segundo gol local, en la retirada le puso paños fríos al asunto calificando al match como uno más entre diecinueve. Como broche de oro, con cara de pocos amigos, dejó pagando a quién lo consultó sobre la superioridad futbolística del rival.
martes, febrero 28, 2012
Nunca es tarde
Luego del último cimbronazo del modelo, que dejó el luctuoso saldo de un muerto y tres heridos, el efecto arrastre se apoltronó con suma comodidad en las gradas a la espera del devenir en el corto plazo. El oportuno cambio, si bien cubrió con un manto de calma las aguas turbulentas, no acabó con los cuestionamientos hacia dirigentes, jugadores y parodismo rentado; muy por el contrario, acercó la lupa de la afición a las llagas purulentas que mantienen infestado el sistema vital sangre y luto de intereses ajenos al sentimiento. El halo positivo de la cuestión del desvelo hoy pasa, pura y exclusivamente, por la certeza de advertir en la piel del conductor a un personaje que sabe, no sólo lo que dice -discurso de casete aparte-, sino lo que hace.
Mientras las mismas situaciones encuentran en la reiteración su vicio, los protagonistas dejaron su huella de cara a la posteridad. Así fue como unos destilaron imposturas para tapar desaguisados, los sindicados como responsables de la nueva debacle lavaron culpas transpirando la camiseta frente a un candidato al descenso directo y otros lloraron al occiso en medio de un funeral virtual disfrazado de proyecto. Nada nuevo bajo el sol. Con la segunda edición del clásico en los albores de la revancha, el comienzo de un nuevo ciclo descomprime un ambiente cargado de reproches, traducido en un todos contra todos, sin solución de continuidad; aunque los que saben digan que la tregua llegó con los puntos puestos en su lugar por el secretario técnico.
La ventaja con que corre la falsa pertenencia, a esta altura de la historia, es clara. El fútbol es un gran barril sin fondo donde caben negociados de todo tipo y color, hipocresías a medida del escucha, resultados digitados en mayor o menor medida, falsos ídolos, compra de voluntades a granel, delincuencia manejada a discreción, intereses extras de diverso calibre y demás menudencias acordes a la necesidad y urgencia del poder de turno. En semejante escenario, un espectador de lujo asiste incrédulo a un guión ficcionado que empieza y termina en noventa minutos de adrenalina al palo. Cuando baja el telón, unos vuelven a su paranoia cotidiana en tanto otros se enfundan en sus trajes de amianto a planificar el próximo paso para que todo siga como era entonces.
APOSTILLAS
Mirá cómo tiemblo. El primer mandatario anduvo haciendo gala de su mano dura más allá de la autopista. Gambeteando el cara a cara, salió con los tapones de punta en contra de la muchachada "timorata y pasiva que no sabe correr". Lejos de sentirse afectados, y acostumbrados al particular estilo presidencial, los protagonistas tomaron sus dichos con soda, hielo y un toque de limón.
Ad infinítum. Totalmente compenetrado con los lineamientos del rumbo institucional, el joven dirigente de la barba candado, le puso un cepo a su condición. "Me quedo hasta que salgamos campeones", dijo, entusiasmado como todo primerizo, para medios nacionales. Habrá que ver si resiste el embate de algunos celosos que empezaron a mirarlo con desconfianza.
Buena letra. Puede que ya no rinda como antes, puede que ya no tenga la exclusividad de los aplausos, puede que ahora sí esté pensando seriamente en el retiro; lo que el goleador histórico todavía mantiene intacto es su don de gente para congraciarse con la persona indicada en el momento preciso. Secretitos al oído, abrazo y beso; el hombre de negro, un amigo.
Apagón permanente. El chupalerche primero no dejó pasar su indignación por la retirada del eterno «ito». Enceguecido ante un culturoso comunicado que habló de "crisis", quiso saber si la emisora era "oficial" u "oficialista". Debería bajar un cambio, ninguna agrupación fogoneada por la dirigencia, para borrar del mapa al futuro, va a tirar miguelitos en la calle.
Mientras las mismas situaciones encuentran en la reiteración su vicio, los protagonistas dejaron su huella de cara a la posteridad. Así fue como unos destilaron imposturas para tapar desaguisados, los sindicados como responsables de la nueva debacle lavaron culpas transpirando la camiseta frente a un candidato al descenso directo y otros lloraron al occiso en medio de un funeral virtual disfrazado de proyecto. Nada nuevo bajo el sol. Con la segunda edición del clásico en los albores de la revancha, el comienzo de un nuevo ciclo descomprime un ambiente cargado de reproches, traducido en un todos contra todos, sin solución de continuidad; aunque los que saben digan que la tregua llegó con los puntos puestos en su lugar por el secretario técnico.
La ventaja con que corre la falsa pertenencia, a esta altura de la historia, es clara. El fútbol es un gran barril sin fondo donde caben negociados de todo tipo y color, hipocresías a medida del escucha, resultados digitados en mayor o menor medida, falsos ídolos, compra de voluntades a granel, delincuencia manejada a discreción, intereses extras de diverso calibre y demás menudencias acordes a la necesidad y urgencia del poder de turno. En semejante escenario, un espectador de lujo asiste incrédulo a un guión ficcionado que empieza y termina en noventa minutos de adrenalina al palo. Cuando baja el telón, unos vuelven a su paranoia cotidiana en tanto otros se enfundan en sus trajes de amianto a planificar el próximo paso para que todo siga como era entonces.
APOSTILLAS
Mirá cómo tiemblo. El primer mandatario anduvo haciendo gala de su mano dura más allá de la autopista. Gambeteando el cara a cara, salió con los tapones de punta en contra de la muchachada "timorata y pasiva que no sabe correr". Lejos de sentirse afectados, y acostumbrados al particular estilo presidencial, los protagonistas tomaron sus dichos con soda, hielo y un toque de limón.
Ad infinítum. Totalmente compenetrado con los lineamientos del rumbo institucional, el joven dirigente de la barba candado, le puso un cepo a su condición. "Me quedo hasta que salgamos campeones", dijo, entusiasmado como todo primerizo, para medios nacionales. Habrá que ver si resiste el embate de algunos celosos que empezaron a mirarlo con desconfianza.
Buena letra. Puede que ya no rinda como antes, puede que ya no tenga la exclusividad de los aplausos, puede que ahora sí esté pensando seriamente en el retiro; lo que el goleador histórico todavía mantiene intacto es su don de gente para congraciarse con la persona indicada en el momento preciso. Secretitos al oído, abrazo y beso; el hombre de negro, un amigo.
Apagón permanente. El chupalerche primero no dejó pasar su indignación por la retirada del eterno «ito». Enceguecido ante un culturoso comunicado que habló de "crisis", quiso saber si la emisora era "oficial" u "oficialista". Debería bajar un cambio, ninguna agrupación fogoneada por la dirigencia, para borrar del mapa al futuro, va a tirar miguelitos en la calle.
martes, febrero 21, 2012
El dolor de ya no ser
El efecto arrastre se cobró su primera víctima más rápido de lo esperado. Ciento ochenta minutos fueron suficientes para acabar con los pronósticos más optimistas, sacudidos por dirigentes, ahora ex cuerpo técnico, plantel y parodismo rentado antes, durante y después de la pretemporada. La vergüenza de la última derrota colmó la paciencia de la afición que, previendo otra hecatombe en la cuarta fecha, pidió a gritos un cambio antes de volver a sufrir el escarnio público con el hecho consumado. Y el excelentísimo señor presidente, tan atento al sentir popular, no la defraudó. Ni siquiera hubo tiempo para agradecer los servicios prestados; que pase el que sigue, rápido y sin anestesia.
Algo pasó, especulan los rumores; hubo amenazas, afirman los que saben. O tal vez, el hombre de la casa se dio cuenta de sus limitaciones, o dejó de creer en su propio relato, o se cansó de ser el rostro visible de una fantochada. El sollozo del final desnudó un espíritu sin espalda para cargar con las mentiras impuestas desde la cúspide y la hipocresía del llano. Intentó ser partícipe de la historia armada por unos y otros y terminó enjugándose las lágrimas, sin que nadie le ofreciera un hombro donde llorar. Tampoco hay que esperar que hable. Nunca rompería los famosos "códigos". Volverá al lugar de donde salió, en silencio, a seguir sobreviviendo, masticando el recuerdo de un sueño trunco.
De todas maneras, nada hace suponer que los ánimos de las gradas entren en estado de sosiego. Tampoco el que viene arreglará las cosas con un par de pases mágicos. Los protagonistas de esta obra de terror son los mismos, arriba y abajo, por lo tanto muchos interrogantes comenzarán a dominar la escena de cara al futuro. El primero que se impone es si el flamante conductor logrará amansar a las fieras, viejas y mañosas, que manejan el vestuario. Tarea difícil. Más allá de gustos y preferencias, por lo menos el amigo del secretario técnico, apalabrado ya hace un tiempo, sabe de fútbol y, en un principio, impondrá respeto. Habrá que ver si resiste el embate de la cruda realidad.
APOSTILLAS
Cerrado por reformas. El primer mandatario ha decidido disminuir su nivel de exposición pública. Con la novedosa estratagema pretende no ser el blanco de insultos e improperios de cara al clásico y a lo que sea que depare el porvenir. La idea de reemplazar una imagen desgastada por otra joven y fresca no va a andar. La masa se la tiene jurada y se la va a cobrar igual.
Curso acelerado. El secretario técnico estrenó responsabilidades. Poner la caripela en lugar de la erosionada dirigencia y recomendar amigos dignos de su entera confianza. Si realmente piensa que su comienzo fue movidito, mejor que se prepare para el día en que se de cuenta con qué bueyes está arando. Puede repetirse la historieta de aquél que, en otro espacio, huyó despavorido cuando vio "algo" que no le gustó.
Piquete de la abundancia. Los que después del último bochorno se escaparon por la puerta de atrás, están planificando estrategias para no perder los privilegios adquiridos. En principio, piensan seguir la metodología que hasta ahora les ha dado pingües resultados. Demostrar predisposición hasta ver cómo viene la mano y después desmadre total... total siempre hay otro haciendo fila.
A media asta. El parodismo rastrero acusa una nueva batalla perdida. A pesar de los esfuerzos, otra vez quedó en orsai defendiendo el "proyecto" que aporta a sus cuentas bancarias. Las edulcoradas letras de molde con que intentaron endulzarle los oídos a la afición durante la pretemporada no fueron suficientes para convencerla del mundo feliz de la falsa pertenencia. Ojota porque también están en la mira.
Algo pasó, especulan los rumores; hubo amenazas, afirman los que saben. O tal vez, el hombre de la casa se dio cuenta de sus limitaciones, o dejó de creer en su propio relato, o se cansó de ser el rostro visible de una fantochada. El sollozo del final desnudó un espíritu sin espalda para cargar con las mentiras impuestas desde la cúspide y la hipocresía del llano. Intentó ser partícipe de la historia armada por unos y otros y terminó enjugándose las lágrimas, sin que nadie le ofreciera un hombro donde llorar. Tampoco hay que esperar que hable. Nunca rompería los famosos "códigos". Volverá al lugar de donde salió, en silencio, a seguir sobreviviendo, masticando el recuerdo de un sueño trunco.
De todas maneras, nada hace suponer que los ánimos de las gradas entren en estado de sosiego. Tampoco el que viene arreglará las cosas con un par de pases mágicos. Los protagonistas de esta obra de terror son los mismos, arriba y abajo, por lo tanto muchos interrogantes comenzarán a dominar la escena de cara al futuro. El primero que se impone es si el flamante conductor logrará amansar a las fieras, viejas y mañosas, que manejan el vestuario. Tarea difícil. Más allá de gustos y preferencias, por lo menos el amigo del secretario técnico, apalabrado ya hace un tiempo, sabe de fútbol y, en un principio, impondrá respeto. Habrá que ver si resiste el embate de la cruda realidad.
APOSTILLAS
Cerrado por reformas. El primer mandatario ha decidido disminuir su nivel de exposición pública. Con la novedosa estratagema pretende no ser el blanco de insultos e improperios de cara al clásico y a lo que sea que depare el porvenir. La idea de reemplazar una imagen desgastada por otra joven y fresca no va a andar. La masa se la tiene jurada y se la va a cobrar igual.
Curso acelerado. El secretario técnico estrenó responsabilidades. Poner la caripela en lugar de la erosionada dirigencia y recomendar amigos dignos de su entera confianza. Si realmente piensa que su comienzo fue movidito, mejor que se prepare para el día en que se de cuenta con qué bueyes está arando. Puede repetirse la historieta de aquél que, en otro espacio, huyó despavorido cuando vio "algo" que no le gustó.
Piquete de la abundancia. Los que después del último bochorno se escaparon por la puerta de atrás, están planificando estrategias para no perder los privilegios adquiridos. En principio, piensan seguir la metodología que hasta ahora les ha dado pingües resultados. Demostrar predisposición hasta ver cómo viene la mano y después desmadre total... total siempre hay otro haciendo fila.
A media asta. El parodismo rastrero acusa una nueva batalla perdida. A pesar de los esfuerzos, otra vez quedó en orsai defendiendo el "proyecto" que aporta a sus cuentas bancarias. Las edulcoradas letras de molde con que intentaron endulzarle los oídos a la afición durante la pretemporada no fueron suficientes para convencerla del mundo feliz de la falsa pertenencia. Ojota porque también están en la mira.
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