Mientras el excelentísimo señor presidente disfruta de las mieles del éxito personal -en realidad, una mínima muestra-, pacientemente elaborado en detrimento de la pasión que domina a las gradas, la inquietud gana espacio entre socios y simpatizantes. Con el evento continental en pleno desarrollo, los aprestos oteando el próximo torneo parecen resumirse a la contratación de incorporaciones para remendar el cuerpo técnico. En los días previos al inicio de la pretemporada los movimientos de la dirigencia apuntan a poblar el banco de suplentes de colaboradores más que de profesionales que jerarquicen el plantel. Entre otros, un viejo conocido oficiará de apoyo -¿directriz? ¿logístico? ¿moral? ¿espiritual?- al eterno «ito» en busca del afianzamiento del "proyecto".Hasta ahora, las novedades menos relevantes incluyen un defensor treintañero y dos integrantes del once titular que han sido considerados como "refuerzos" por la particular visión del primer mandatario, después de arduas y trabajosas gestiones a fin de asegurar continuidades. Así las cosas, hoy su desvelo pasa por organizar una "caravana", con bombo, bandera y vincha, que acompañe a la celeste y blanca desde su arribo hasta el oasis cuatro estrellas que próximamente podría ser declarado monumento histórico provincial en homenaje a tan ilustres visitas. Quiera el altísimo que cuando se acuerde de Colón no sea demasiado tarde y termine subiendo al colectivo unos cuantos matungos de relleno, aprobados después de ver algún que otro videito casero.
Por el lado del patrimonio, la falta de interés por algún prescindible -o imprescindible- pone en evidencia la descapitalización perpetrada por la falsa pertenencia. La regla indica que si nada sale, nada entra. Mal pronóstico. En otro orden, una mención especial merece el chupalerche primero, quien asiste como enviado especial al debut del combinado nacional en el segundo torneo más importante del planeta -al decir del primer mandatario-, y antes que nada les brinda a sus distinguidos y fieles lectores un reportaje exclusivo a quien le solventa los gustos a cambio de una arrastrada. Para redondear la completa cobertura final, faltaron las fotos ilustrativas, esas que acostumbra a sacarse, al mejor estilo «figuretti», con alguna celebridad. Para la próxima.
Nunca una celebración representó tan bien a una dirigencia. Una puesta en escena pretenciosa, carente de alma, que quedó a mitad de camino. Fría, como la noche que le sirvió de cobijo. En un escenario repleto de espíritus vacíos. Aunque el relato oficial hable de "emoción", el sentimiento faltó a la cita. Con un maestro de ceremonias conectado a una marchita sintonía, con un toque humorístico sin sentido de filiación y unos arrítmicos acordes en repetida disonancia. Un híbrido para la masa anestesiada. Nada más parecido a la falsa pertenencia. Como un calco de su propia imagen. Simbolismos de la época. Incluida la palabra ausente.
Habrá que rendirse ante las evidencias y admitir la realidad. El campéon del fútbol argentino envidia el modelo Colón. Envidia a sus dirigentes, ejemplo de probidad, abnegación, compromiso desinteresado, modestia y, sobre todas las cosas, pasión por los colores. Envidia su estructura de inferiores, el predio, la pensión, los recursos humanos al servicio de la formación social y deportiva de los cuadros amateurs y, por supuesto, sus jóvenes talentos que no dejan de sorprender por aptitudes innatas y preparación adquirida. Envidia su estadio, las flamantes y modernas instalaciones financiadas con ingresos genuinos de la entidad y la tecnología de punta que permitirá llegar al mundo entero cuando se ponga en marcha el evento continental orgullosamente organizado.



Cae el telón de un nuevo fracaso, esta vez con un tinte diferente. 

