
La sorprendente y vertiginosa realidad acostumbra envolver a los mortales con un manto de crueldad. A contramano de empeñosas voluntades, le extendió demasiado rápido la partida de defunción a un acontecimiento que pretendió ser instalado en la escena corriente a perpetuidad. Acalladas las fingidas emociones, desprendidas de la presentación llevada a cabo la pasada semana, la afición celebra la convocatoria a la selección local de un pibe nacido en el club. No producto de una ficticia revolución, sino fruto de años de sacrificio y perseverancia. Tampoco obra y gracia del engañoso “proyecto”, sino a pesar de él. Sólo hace falta recordar las decisiones que hasta hace poco lo dejaban afuera de todo.
Así las cosas, el primer mandatario sigue “trabajando” para hacer de Colón la mejor institución del planeta. La última novedad pasa por la organización de una francachela, puesta en manos de empresarios que revisten en la categoría de amigotes presidenciales, donde el socio brillará por su ausencia. Delimitando la pista de un ámbito exclusivo en el cual los negociados son la prioridad, y con vistas a un gerenciamiento no muy lejano –con cabezas dirigenciales a sueldo blanqueado–, la cd se encamina a las elecciones haciendo foco en la captación de adeptos armando una parafernalia atrapa-incautos. El escaparate está listo para que los verdaderos dueños miren apoyando la ñata contra el vidrio.
Por el lado de la contra, los plazos se acaban y todavía está en veremos. Es tiempo de terminar con el coqueteo y aprestarse a dar pelea. Si el innombrable estuvo esperando ansiosamente el momento en que sería aclamado como “el salvador”, pues ha llegado la hora. Sin él, el resto, ante las tristes evidencias, es la nada. Aunque haya buenas intenciones, el aparato está preparado para renovar las ínfulas de quienes han tomado a la entidad como coto de caza. Los errores cometidos han sido muchos –entre ellos figura este presente–, pero es de esperar que haya aprendido. La única forma de pagar culpas es poniéndose al frente de una gran avanzada opositora. ¿O volverá a ser el artífice de cuatro años más de falsa pertenencia?
Desde que comenzó esta nueva etapa, el sabalé apareció en cuenta gotas. Hasta el momento, no ha sido capaz de sostener la dinámica pretendida ni el criterioso manejo de pelota que lo convierta en un conjunto equilibrado durante los noventa minutos de juego. Para quien debe imprimirle su sello personal, los primeros cuarenta y cinco de la pasada fecha –por él calificados como “maravillosos”– fueron los que expresaron su modelo ideal de equipo. En esta oportunidad sólo lo conformó el resultado. Una vez finalizado el encuentro, reconoció el bajo nivel futbolístico desplegado por sus dirigidos y desgranó los pormenores suscitados en cancha cual avezado comentarista deportivo. Otro candidato a engalanar la caja boba.



En el fútbol de hoy, la versatilidad es condición indispensable. Un delantero, durante noventa minutos de juego, no sólo justifica su presencia cuando convierte un gol. También colabora defendiendo en jugadas de pelota parada y de diversas formas en la ofensiva. La cuestión comienza a ponerse oscura si resulta intranscendente. O, lo que es peor, si al finalizar el encuentro, la afición se retira con la sensación de que el equipo jugó con uno menos. Es cierto que una mala tarde la tiene cualquiera, pero hay estadísticas que son implacables. Once partidos en cancha, tres tantos. Más allá del triunfo, la gente se fue mascullando bronca porque la diferencia en el marcador debería haber sido mayor para no terminar sufriendo.


