
Aníbal Barcamed (en fenicio Hanni-baal, que significa “quien vende-humo”), conocido simplemente como Aníbal o Hannibal, nacido en 247 a.C en Cartago (al norte de Túnez) y fallecido en 183 a.C en Bitinia (cerca de Bursa, en Turquía), fue un general y estadista quemero considerado por muchos como uno de los grandes estrategas militares de la historia. Participó activamente de la Segunda Guerra Lerchúnica, en la que llevó a cabo una audaz hazaña: conduciendo a su ejército, en el que se incluían elefantes de guerra, que en ocasiones mataba y enterraba, partió de su ciudad natal y atravesó innumerables obstáculos con el objetivo de conquistar la cima. A pesar del brillante movimiento, no pudo alcanzar su meta.
Existen diversas opiniones respecto de su fallido plan, que van desde carencias materiales a consideraciones políticas que defienden que su intención no era llegar a la punta, sino acercársele lo más posible. No obstante, logró mantener a sus hombres entusiasmados en la pelea durante más de dos años, recibiendo escasos refuerzos de jerarquía. Consciente de que su tropa era inferior a la de sus adversarios, Aníbal decidió no atacar por donde se esperaba, sino que eligió una ruta mucho más dura y larga pero más interesante tácticamente, pues le permitió reclutar a muchos soldados mercenarios. Sin embargo, luego de ganar varias batallas intrascendentes, volvió a su tierra cansado tras ser derrotado en la contienda definitoria.
Fue llamado “el padre de la estrategia” y admirado incluso por sus enemigos. Supo como motivar a sus desmoralizados soldados en los peores momentos, pero con eso no fue suficiente. El balance personal del héroe se traduce en un fracaso; al final perdió hasta el respeto de su pueblo, que vio a su mejor general aniquilado en la última y más importante batalla del conflicto. Certifican las fuentes que uno de sus jefes de caballería le asestó un duro golpe cuando le dijo: “Los dioses no han concedido al mismo hombre todos sus dones; sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria”. Agobiado, decidió suicidarse empleando un veneno que, según se afirma, llevó durante mucho tiempo en un habano.
Aunque el saber popular sostenga que la historia siempre se repite, los teóricos de la disciplina ilustran al vulgo sentenciando todo lo contrario. La historia nunca se repite, los hechos pueden resultar similares a simple vista, pero las circunstancias, las causas, los protagonistas y demás factores que influyen en su devenir, determinan la particularidad de cada acontecimiento específico. El entrenador sabalero perdió el equipo. Hoy, como en otro momento, mezcla, baraja y da de nuevo pero la mano no se le presenta favorable. Cambios y más cambios, bajos rendimientos, jugadores sin nivel de primera división, escasa generación de fútbol, estrategias equivocadas, planteos mezquinos y un técnico desorientado.




Le pegó el viejazo. El equipo no anda bien y él tampoco. No es la primera vez. Aunque, en esta ocasión, la historieta, gracias a las recientes declaraciones de los titulares de la ute que maneja los destinos de la centenaria institución, tomó un cariz algo exagerado. Potenciar los clásicos rumores, que siempre ganan la calle cuando a
Para contrarrestar el efecto que provocaron sus declaraciones post derrota de la fecha anterior, en la semana avivó la hoguera para cubrir con un humo denso el arrepentimiento por la velada amenaza. Sin embargo, los dichos que pretendieron calmar las aguas resultaron una sarta de contradicciones más cercana al trabalenguas que a la claridad del convencimiento real. El “nunca me iría de 


