sábado, marzo 12, 2011

martes, marzo 08, 2011

Hasta que el corazón aguante

Después de una semana convulsionada, la afición quedó perpleja. Todavía no entiende si el partido lo ganó Colón o el club social y deportivo goleador histórico interminable. Por otro lado, despejó dudas. Aún con seis soldados protegiendo la retaguardia, en defensa, el sabalé, es un colador; sólo que esta vez el rival estuvo tibio en los metros finales al padecer la falta de inspiración del mejor nueve del país (excelentísimo señor presidente dixit), tal y como ocurría en épocas no tan lejanas, cuando le tocó vestir la sangre y luto por estos pagos. En lo que a creación se refiere, recuperó un poco de volumen futbolístico de parte del diez que juega cuando quiere y, casi caída del cielo, recibió una manita de parte de los hombres de negro.

Para analizar ¿cuántos escenarios podrán plantearse de la misma manera? Ninguno. Para tener en cuenta, como al final del torneo pasado, al técnico lo salvo un pibe descartado -ninguneado la fecha anterior-, abriendo el camino hacia la victoria y mostrándole al veterano delantero que desde afuera del área también se pueden hacer goles. Y no mucho más. Los mismos problemas. Chispazos individuales. Una pizca de actitud. Si el entrenador mantiene la disposición táctica será una especie de borrón y cuenta nueva, por lo que habrá que esperar a que el engranaje se aceite para saber si funciona o no. Por lo pronto, ganó tiempo para encarar los próximos compromisos, aunque una derrota contundente volvería a encender el hervidero.

Así las cosas, el triunfo baja el grado de agitación y le permite a la muchachada responder, en cierta medida, a las críticas que arrasaron con su impertinente tranquilidad. ¿Hijos del rigor? Tal vez. Mientras no sea una reacción pasajera; mientras no hayan exhibido algo de amor propio -a falta de identidad-, con la sola intención de acallar las críticas y los rumores de relajación colectiva, todo bien. La próxima parada será un buen examen para comprobar si los cambios que elucubró el técnico no fueron un manotazo de ahogado, y si la actuación de los protagonistas no fue pan para hoy y hambre para mañana. Al fin y al cabo, los involucrados deberían tener en cuenta que el deseo de un veinte eterno, no da para hacerse los rulos.


APOSTILLAS

No vale arrepentirse. Las últimas declaraciones del dt dejaron muy mal parada a la dirigencia. Que no hubo bajada de línea, que las incorporaciones llegaron por descarte debido a la falta de billetes, que los pibes de inferiores no están para primera, que hay que nivelar hacia abajo, etc., etc., etc. Sería bueno recordar que se los recomendó un hijo dilecto de la casa.

Sin aliento. Un bus repleto de caracterizados hinchas fue demorado por la policía. El impresentable vice hizo su descargo entre íntimos. "Yo no tengo nada que ver con la agencia de turismo que los trasladó, ni con la armería que los pertrechó, ni con el dealer que los surtió". Por lo bajo, una voz anónima preguntó: "¿Y qué hacemos con los testigos?".

Pum para abajo. Las huestes del maestro, sin el maestro, se llevaron la transmisión a diciembre. A la ya reconocida y laberíntica jerigonza del relator se le sumó el compendio de lugares comunes que desplegó el perpetuo preguntón de vestuario, esta vez en el traje de comentarista. Algunos deberían largar un poco la pelotita y agarrar los libros que no muerden.

Cuestión de piel. No hay química entre los chupalerches primero y segundo y el entrenador. A la desapasionada defensa del ciclo habría que sumarle la exclusiva que aún brilla por su ausencia. ¿O será que el avispado conductor de la murga ya se dio cuenta que el defensor número uno de la causa habla -y escribe- por cuenta y orden del primer mandatario?

miércoles, marzo 02, 2011

Mano dura

La bazofia que escribió el chupalerche primero en el pasquinejo vernáculo acerca del "polvorín de las ocho horas" es un claro ejemplo de lo que la dirigencia piensa de los socios y la afición en general. Un texto de preescolar para criaturas de preescolar. La subestimación de unos hacia otros es tal, que la transmisión del mensaje no requiere, ni siquiera, de un mediocre vehículo comunicador. Con la perorata obvia, absolutamente superficial, sin el más mínimo valor en cuanto a riqueza informativa, le basta y sobra a quienes consideran que con una puesta en escena de pacotilla pueden bajar la temperatura en medio de una atmósfera caldeada.

De todas maneras alcanza para marcarle la cancha al entrenador. Dos partidos para revertir el rumbo y sino... chau chau adiós. Eso sí, nada de despidos; el agradecimiento por los servicios prestados se corporiza en el gesto de saltear el telegrama y dejar sentado que quienes deciden abandonar el barco lo hacen por determinación propia. Una hipocresía. Tal vez esta pantomima le ayude al entrenador con vistas al futuro. Succionar los calcetines de los empleadores no sirve, ya que en las malas, para salvar el pellejo, siempre entregan en bandeja, y sin remordimientos, la cabeza de quien se esmeró en construirles públicamente un pedestal.

En cuanto a la muchachada, la cosa no es tan sencilla. La banda que digita los destinos del plantel podrá apoyar -si tiene ganas y si no acuerda serrucharle el piso al técnico por cuestiones varias-, pero el físico ya no le da. Si a eso se suma la falta de idea futbolística, los troncos a quienes ni la voluntad les alcanza y los pibes que no saben manejar la ansiedad por una rápida consolidación y la consecuente partida en busca de mejores horizontes, puede vislumbrarse un trance inmanejable. La solución no pasa por armar un circo mediático y difundirlo a través de personajes funcionales a la causa. El tema es más profundo, pero sin solución durante los próximos cuatro años.

domingo, febrero 27, 2011

A las puertas del infierno

Lo visto el viernes en el Brigadier no resiste el menor análisis. Lo que sí da para abordar en profundidad son algunas cuestiones directamente relacionadas, comenzando por la principal, esa que representa la génesis de esta pobre actualidad. ¿En qué momento el socio de Colón -quien con su decisión sella los destinos de la entidad- olvidó lo que significa el fútbol para sí y para la afición en general? ¿En qué momento permitió que un puñado de advenedizos le vendiera otra realidad? A simple vista, podría decirse que ciertos excesos fueron alegremente aceptados con la única y triste intención de restregarle determinada superioridad al vecino en desgracia. ¿Habrá sido tan así?

En cualquier caso es mejor creer en una explicación semejante antes que aceptar que muchos cayeron como chorlitos en la maraña propuesta bajo el falso eslogan de "los mejores del país". El mejor predio -donde las canchas no son aptas para la práctica formal del primer equipo-, el mejor estadio -una desmesura comparada con las verdaderas necesidades-, el mejor hotel -inaccesible para los bolsillos sabaleros-, el mejor técnico -un ex que dejó una lastimosa herencia-, el mejor plantel -desequilibrado por donde se lo mire-, las mejores inferiores -usadas como material de descarte-, el mejor balance -a todas luces dibujado-, el mejor presidente -sin palabras- y demás falacias comprobadas.

En la era de las comunicaciones, con toneladas de información al alcance de la mano, tanta mentira causa gracia. Por otro lado, genera un poco de comezón pensar que tantos hayan aceptado el engaño con pasmosa pasividad. ¿Los mismos que apoyaron la continuidad de la falsa pertenencia habrán sido los que hicieron sentir su repudio el viernes? Mal hecho. Esos tendrían que ser los más comprometidos con la causa a la que le dieron carta blanca. O en su defecto, hacerse cargo de la parte que les corresponde en la coyuntura. Después de todo, y para no sentirse tan culpables, pueden leer el pasquinejo vernáculo, donde les van a contar una historieta de tinte rosado respecto de una actuación apenas "floja".


APOSTILLAS

Se aceptan sugerencias. La sinfonía de insultos que recibió al término del encuentro lo dejó preocupado. Es por eso que el excelentísimo señor presidente está pensando qué golpe de efecto producir durante la semana para tapar el mal trago que por estas horas intentan digerir los vapuleados colonistas. Entre la afición ya circulan las apuestas. ¡Hagan juego señores!

Mar de fondo. "Nos faltaron ganas y actitud para darlo vuelta", dijo uno de los cuestionados. Para que el cóctel surta efecto algo debe cocinarse en la trastienda. La displicencia de la muchachada en cancha dejó muchas dudas. Más allá de la autopista se rumoreó que en la tarde-noche del viernes pudo olfatearse un fuerte aroma a entregada. ¡Naaaaa!

Con el facón en la mano. La dupla a cargo de la transmisión de la emisora asoleada se descargó de lo lindo tirando palos a diestra y siniestra. Entre los exabruptos de uno y la crítica desenfrenada del otro no quedó títere con cabeza. El que enmudeció fue el mediocre vestuarista, quien en ocasiones como ésta siempre opta por hacer la del avestruz.

Más oportunidades punto com. Al parecer la venta de los palcos corporativos no marcha como el primer mandatario esperaba. Tanto así que los chupalerches comenzaron una campaña de promoción y venta desde su rastrero espacio de las mañanas obsecuentes. Ridículo el cálculo que hicieron de los costos por partido. Lo que se dice una bicoca.