miércoles, marzo 02, 2011

Mano dura

La bazofia que escribió el chupalerche primero en el pasquinejo vernáculo acerca del "polvorín de las ocho horas" es un claro ejemplo de lo que la dirigencia piensa de los socios y la afición en general. Un texto de preescolar para criaturas de preescolar. La subestimación de unos hacia otros es tal, que la transmisión del mensaje no requiere, ni siquiera, de un mediocre vehículo comunicador. Con la perorata obvia, absolutamente superficial, sin el más mínimo valor en cuanto a riqueza informativa, le basta y sobra a quienes consideran que con una puesta en escena de pacotilla pueden bajar la temperatura en medio de una atmósfera caldeada.

De todas maneras alcanza para marcarle la cancha al entrenador. Dos partidos para revertir el rumbo y sino... chau chau adiós. Eso sí, nada de despidos; el agradecimiento por los servicios prestados se corporiza en el gesto de saltear el telegrama y dejar sentado que quienes deciden abandonar el barco lo hacen por determinación propia. Una hipocresía. Tal vez esta pantomima le ayude al entrenador con vistas al futuro. Succionar los calcetines de los empleadores no sirve, ya que en las malas, para salvar el pellejo, siempre entregan en bandeja, y sin remordimientos, la cabeza de quien se esmeró en construirles públicamente un pedestal.

En cuanto a la muchachada, la cosa no es tan sencilla. La banda que digita los destinos del plantel podrá apoyar -si tiene ganas y si no acuerda serrucharle el piso al técnico por cuestiones varias-, pero el físico ya no le da. Si a eso se suma la falta de idea futbolística, los troncos a quienes ni la voluntad les alcanza y los pibes que no saben manejar la ansiedad por una rápida consolidación y la consecuente partida en busca de mejores horizontes, puede vislumbrarse un trance inmanejable. La solución no pasa por armar un circo mediático y difundirlo a través de personajes funcionales a la causa. El tema es más profundo, pero sin solución durante los próximos cuatro años.

domingo, febrero 27, 2011

A las puertas del infierno

Lo visto el viernes en el Brigadier no resiste el menor análisis. Lo que sí da para abordar en profundidad son algunas cuestiones directamente relacionadas, comenzando por la principal, esa que representa la génesis de esta pobre actualidad. ¿En qué momento el socio de Colón -quien con su decisión sella los destinos de la entidad- olvidó lo que significa el fútbol para sí y para la afición en general? ¿En qué momento permitió que un puñado de advenedizos le vendiera otra realidad? A simple vista, podría decirse que ciertos excesos fueron alegremente aceptados con la única y triste intención de restregarle determinada superioridad al vecino en desgracia. ¿Habrá sido tan así?

En cualquier caso es mejor creer en una explicación semejante antes que aceptar que muchos cayeron como chorlitos en la maraña propuesta bajo el falso eslogan de "los mejores del país". El mejor predio -donde las canchas no son aptas para la práctica formal del primer equipo-, el mejor estadio -una desmesura comparada con las verdaderas necesidades-, el mejor hotel -inaccesible para los bolsillos sabaleros-, el mejor técnico -un ex que dejó una lastimosa herencia-, el mejor plantel -desequilibrado por donde se lo mire-, las mejores inferiores -usadas como material de descarte-, el mejor balance -a todas luces dibujado-, el mejor presidente -sin palabras- y demás falacias comprobadas.

En la era de las comunicaciones, con toneladas de información al alcance de la mano, tanta mentira causa gracia. Por otro lado, genera un poco de comezón pensar que tantos hayan aceptado el engaño con pasmosa pasividad. ¿Los mismos que apoyaron la continuidad de la falsa pertenencia habrán sido los que hicieron sentir su repudio el viernes? Mal hecho. Esos tendrían que ser los más comprometidos con la causa a la que le dieron carta blanca. O en su defecto, hacerse cargo de la parte que les corresponde en la coyuntura. Después de todo, y para no sentirse tan culpables, pueden leer el pasquinejo vernáculo, donde les van a contar una historieta de tinte rosado respecto de una actuación apenas "floja".


APOSTILLAS

Se aceptan sugerencias. La sinfonía de insultos que recibió al término del encuentro lo dejó preocupado. Es por eso que el excelentísimo señor presidente está pensando qué golpe de efecto producir durante la semana para tapar el mal trago que por estas horas intentan digerir los vapuleados colonistas. Entre la afición ya circulan las apuestas. ¡Hagan juego señores!

Mar de fondo. "Nos faltaron ganas y actitud para darlo vuelta", dijo uno de los cuestionados. Para que el cóctel surta efecto algo debe cocinarse en la trastienda. La displicencia de la muchachada en cancha dejó muchas dudas. Más allá de la autopista se rumoreó que en la tarde-noche del viernes pudo olfatearse un fuerte aroma a entregada. ¡Naaaaa!

Con el facón en la mano. La dupla a cargo de la transmisión de la emisora asoleada se descargó de lo lindo tirando palos a diestra y siniestra. Entre los exabruptos de uno y la crítica desenfrenada del otro no quedó títere con cabeza. El que enmudeció fue el mediocre vestuarista, quien en ocasiones como ésta siempre opta por hacer la del avestruz.

Más oportunidades punto com. Al parecer la venta de los palcos corporativos no marcha como el primer mandatario esperaba. Tanto así que los chupalerches comenzaron una campaña de promoción y venta desde su rastrero espacio de las mañanas obsecuentes. Ridículo el cálculo que hicieron de los costos por partido. Lo que se dice una bicoca.

viernes, febrero 25, 2011

Torrente sanguíneo

Le gusta hablar. Será por eso que solito se zambulló en un berenjenal de contradicciones que lo dejó rozando el ridículo. Tanto así que, por un momento, pareció emular al genial autor de una célebre frase, en la actualidad más vigente que nunca a pesar de haber sido acuñada en el siglo pasado. "Estas son mis convicciones, si no les gustan... tengo otras", dijo alguna vez un inolvidable comediante del primer mundo. A su manera, abonó el desopilante pensamiento. "Creo en la continuidad de los jugadores", monologó hace poco. Hoy resulta que hay puestos en los que es posible sostener la idea y puestos que no resisten el aguante. En definitiva, que lo que se dice un día, al otro puede transformarse en lo contrario por obra y gracia de la verborragia acomodaticia de un parlanchín compulsivo.

Le gusta hablar. Un vicio pasible de acarrear indeseables consecuencias. El ejercicio del decir y desdecir refriega la credibilidad por el piso, primer paso hacia un estado donde el respeto comienza a abrevar en sustancias diluyentes. El medio expone, el hombre propone. Entre tanta exhibición pública, la tentación de dar cátedra, graciosamente frente a un parodismo mediocre que jamás va a traspasar los límites de la requisitoria ordinaria, se transforma en un irrefrenable deseo cotidiano. Para quienes no consiguen expresar con hechos sus elaboradas teorías, no queda otra que apelar a la sanata para mantener regada su quintita y atento al auditorio, por lo menos hasta que el panorama aclare y otorgue la posibilidad de hinchar el pecho y salir a patear traseros al grito de "vieron... yo tenía razón".

Le gusta hablar. Y también sostener sus apuestas personales. Con vistas a la tercera fecha, en la defensa saltó un fusible algo gastado; sin embargo, en la ofensiva su crédito sigue en pié. ¿Cuánto pueden influir en el grupo determinadas decisiones? En tanto los números sean favorables, la ebullición podrá mantenerse controlada; cuando la cosecha empiece a escasear, como es habitual en cualquier ámbito que se precie, los demonios pedirán pista y escupirán tempestades. De una u otra manera, las excusas de rigor se harán sentir desde los cuatro costados. Para muestra, sobra un botón. El guardameta ya sentó posición al respecto. "Mientras saquemos resultados nosotros estamos tranquilos", argumentó en medio de la polémica por la pobreza futbolística de este modelo dos mil once.

domingo, febrero 20, 2011

Ruidos molestos

La cronología de los hechos -y dichos- ayuda a armar la historia. Después de las fallidas primeras actuaciones de preparación se le escuchó decir: "Trataremos de llegar al ciento por ciento, pero lo más probable es que no lo logremos". Con los últimos buenos resultados de pretemporada en el bolsillo afirmó: "Estamos en un gran momento". Luego del triunfo con el que se abrió el torneo canturreó: "Lo mejor de Colón está por venir". El viernes, los descargos brotaron cual mosquitos después de una lluvia de verano. "Estamos lejos de la identidad que pretendemos (...) Damián está impreciso (...) el estado del campo de juego (...) el perro viene de mucho tiempo sin jugar (...)" y demás etcéteras. Entonces ¿en qué quedamos?

Lo cierto es que el sabalé cada fecha que pasa juega peor. Rendirse ante las evidencias es lo mejor que puede hacer el técnico. O él no sabe transmitir el mensaje o sus dirigidos son de piedra. ¿Y qué tal si la muchachada no se siente cómoda con su propuesta futbolística? Este plantel, con tanto cacique queriendo manejar a la indiada, da para todo. El mismo entrenador confesó, ante la requisitoria parodística post partido, quizás sin darse cuenta, que habló sobre las incidencias del match "con tres o cuatro jugadores". Alguien debería contarle cómo terminaron los que acudieron a los referentes para encaminar la cosa. Por otro lado, habrá que ver hasta dónde acompañará la afición -la no amordazada- sin exteriorizar disgusto.

Por lo pronto, el próximo trámite está asegurado -salvo hecatombe total-, así que hasta la cuarta contienda reinará la calma. De ahí en más, si la cuestión no mejora, el panorama pasará velozmente de castaño a oscuro porque, jugando de esta forma, hasta imaginar un puestito en mitad de tabla parece una utopía. Un rápido vistazo a lo que se ha mostrado en cancha dispara una pregunta casi obvia. ¿Hay material para esperar un funcionamiento acorde con la idea de buen fútbol que pregona el dt en cada declaración pública? El presente indica que las intermitencias, el desequilibrio en las líneas y la confusión generalizada marcan el camino. En los protagonistas recae la responsabilidad de gambetear los murmullos.


APOSTILLAS

Bolsa de cemento. En su última presentación pública, el primer mandatario afirmó confiado que el negro estaba "preparado para superar los veintiséis puntos", gracias a "un plantel y una infraestructura como pocos clubes tienen". No entender nada de fútbol tiene sus consecuencias. Por ahora, las obras tapan el frondoso bosque. La afición tendrá la última palabra.

Pelotazo en contra. El vocero mudo, cada vez que abre la boca mete la pata. Consultado acerca de las declaraciones del entrenador respecto de los inconvenientes con los permisos de trabajo de las dos incorporaciones extranjeras, motivo por el cual no pudo tenerlas en cuenta para este cotejo, manifestó, con indisimulable perplejidad, "desconocer" el hecho. ¿Cortocircuito?

Cadena de mandos. No sólo le gritó en varios pasajes del partido, también lo reprendió camino a los vestuarios una vez finalizado el encuentro. El defensor mundialista descargó su fastidio con el hijo pródigo, quien, como joven bien educado, agachó la cabeza y aguantó el chubasco con su característico estoicismo. ¿A quién le rendirá cuentas de sus errores el fana del motociclismo?

Asesor pirincho. Como presiente que se viene la noche, el chupalerche primero ya está aconsejando al técnico acerca del esquema de juego. Quiere doble enganche para inyectarle más volumen futbolístico al anodino sistema visto hasta ahora. Lamentablemente, sus antecedentes lo condenan. Quienes tocaron la puerta de su consultora todavía lloran el papelón atómico que les hizo pasar.