Lo cierto es que el sabalé cada fecha que pasa juega peor. Rendirse ante las evidencias es lo mejor que puede hacer el técnico. O él no sabe transmitir el mensaje o sus dirigidos son de piedra. ¿Y qué tal si la muchachada no se siente cómoda con su propuesta futbolística? Este plantel, con tanto cacique queriendo manejar a la indiada, da para todo. El mismo entrenador confesó, ante la requisitoria parodística post partido, quizás sin darse cuenta, que habló sobre las incidencias del match "con tres o cuatro jugadores". Alguien debería contarle cómo terminaron los que acudieron a los referentes para encaminar la cosa. Por otro lado, habrá que ver hasta dónde acompañará la afición -la no amordazada- sin exteriorizar disgusto.
Por lo pronto, el próximo trámite está asegurado -salvo hecatombe total-, así que hasta la cuarta contienda reinará la calma. De ahí en más, si la cuestión no mejora, el panorama pasará velozmente de castaño a oscuro porque, jugando de esta forma, hasta imaginar un puestito en mitad de tabla parece una utopía. Un rápido vistazo a lo que se ha mostrado en cancha dispara una pregunta casi obvia. ¿Hay material para esperar un funcionamiento acorde con la idea de buen fútbol que pregona el dt en cada declaración pública? El presente indica que las intermitencias, el desequilibrio en las líneas y la confusión generalizada marcan el camino. En los protagonistas recae la responsabilidad de gambetear los murmullos.
APOSTILLAS