En cuanto al resto, la defensa no supera las dudas que arrastró todo el año pasado; en el medio, el hijo pródigo deberá adaptarse a sus compañeros, conocer sus habilidades, limitaciones y errores más comunes para compensar la línea sacando partido de su visión panorámica. El enganche, si bien generó las dos infracciones por las que el veinte facturó, como es su costumbre excedido en firuletes y cañitos y perdiendo pelotas increíbles; y el nuevo en el ataque, si con esas condiciones le ganó el puesto a los demás, mejor ni saber qué demostraron los otros durante la pretemporada. Respecto del pibe que están inflando con compresor hidráulico, necesita tiempo; no habría que olvidar la historia reciente de otro purrete, como tantos descartables en los últimos tiempos, que fue borrado sin explicación.
El torneo kaka levantó el telón y las diferentes compañías comenzaron a mostrar obras e intérpretes. La sangre y luto parece dispuesta a repetir la mediocre pieza que viene aburriendo a sus fieles espectadores hace varias temporadas. El director artístico carece de muñeca para encaminar un elenco proclive a olvidarse la letra -decidir el ingreso de una figura devaluada en el minuto ochenta y seis es un claro ejemplo-, por lo que no sería extraño que la batuta la tome el veterano referente, más pronto que tarde. Aunque intente manejar a la perfección el mentiroso discurso dirigencial -"lo mejor de Colón está por venir"- y pretenda congraciarse con los intocables dinosaurios hablando maravillas de unos y otros, el despliegue sobre el escenario no deja lugar a vacilaciones. El libreto huele a rancio.
APOSTILLAS