Como acostumbra decir el parodismo vernáculo, apelando al lugar común, esta victoria le dará aire para trabajar con tranquilidad durante la semana. Pero ¿es posible hablar de recuperación? Con un tanto producto de un obsequio del adversario. Con una etapa inicial para el sufrimiento. Con un once titular dónde nadie sabe quién es quién ni de qué la va cada cual, el sabalé parece más un crucigrama indescifrable que una sopa de letras apta para un primero inferior. Es saludable que los jugadores le demuestren su apoyo al técnico, con mayor actitud y compromiso –como él mismo pidió–, pero el funcionamiento lejos está de verse asomar; un par de arrestos de calidad no son señales suficientes, ni siquiera esperanzadoras.
El transcurrir del torneo dirá hasta dónde consiguen estirar la continuidad del “proyecto”, con el humor de la afición fluctuando al ritmo de los resultados. La velada calma que amanece junto a un triunfo, rápidamente se transforma en decepción a la luz de un empate, mientras que se multiplica en repudios de la mano de una derrota. Demasiado vaivén para soportar sobre una sola espalda. Aunque el técnico intente tocar la fibra íntima de la masa colonista apelando a la sensiblería barata, algo se hizo añicos. Y los únicos responsables son quienes creyeron en la subestimación como arma de seducción y encantamiento, ignorando a la realidad que posiciona a todo proceso serio por encima del espasmo burbujeante de una ficción armada para soñar.
APOSTILLAS