Una defensa titubeante, un medio campo flojo en la marca y tibio en la creación, y una ofensiva solitaria, a media máquina, nada tienen que ver con el producto excelentemente vendido en la fase preliminar. El exquisito embalaje, con pomposo moño incluido, no pudo disimular viejas marcas de fábrica, impuestas por el conductor, características de quien borra con el codo lo que escribe con la mano. No se puede alcanzar la gloria tomando el atajo de la mezquindad; salvo que la tan pregonada confianza en el equipo –base consolidada más incorporaciones de jerarquía– sea sólo un discurso para la tribuna. Amalgamar esos dos engranajes será un desafío. Habrá que ver si los involucrados asumen el compromiso.
Bajar los decibeles de la expectativa, después de tanta cháchara prematura, es difícil. La paciencia de la afición tiene un límite. ¿Explotará este torneo? Tal vez sin darse cuenta, los mismos protagonistas acaban por imponerse un plazo. ¿Hasta cuándo amagar con un título? La verborragia suele ser un arma de doble filo. Entusiasmar a la gente con discursos grandilocuentes, para después tirarle una migajas, es como ir jalando de la cuerda lentamente pero seguro. Está claro que, si dentro de la cancha las cosas no funcionan, la adhesión al técnico penderá de un hilo. No son pocos los que ya ponen en tela de juicio su habilidad a la hora de los bifes. Será cuestión de ajustar antes de que los nervios empiecen a hacer estragos.
APOSTILLAS