lunes, noviembre 02, 2009

El mejor entre los mejores


Las leyes penales establecen que determinadas causas menguan la responsabilidad criminal. La falta de intención, la motivación altruista o patriótica, la confesión, el arrepentimiento, entre otras, son consideradas circunstancias atenuantes a la hora de juzgar una conducta delictiva. Por el contrario, las que complican la situación, la premeditación y alevosía, el ensañamiento, el empleo de la astucia, fraude o disfraz, el abuso de superioridad o confianza, son catalogadas como agravantes. Si le tocara sentarse en un hipotético banquillo de los acusados, su caso estaría plagado de las segundas y no de las primeras.

Si se evaluaran, prima facie, sus antecedentes, difícilmente esquivaría una dura condena. En el medio, todos lo conocen y saben de su inclinación a la reincidencia. Además, teniendo en cuenta que ya hacía sesenta minutos que atosigaba al árbitro con reclamos y protestas subidas de tono, la exagerada enjundia con que fue a disputar la pelota de la discordia apuró la decisión del juez en primera instancia. Después, la historia prosiguió de la peor manera. Gestos a la platea local y declaraciones públicas desmedidas. “Nos metieron la mano en el bolsillo”, dijo, tildando de ladrón al hombre de negro. Cartón lleno.

Que su séquito de pléyades vernáculo intente cubrirlo con la túnica de la inocencia y pida clemencia por tamaña injusticia, resulta cuanto menos cómico por no decir patético. A nadie escapa que el goleador histórico rojinegro, devenido en modelo publicitario, ha demostrado ser un experto en el arte de la simulación, de todo tipo y calibre. “Creo que tiene que haber un replanteo entre todos nosotros. Tenemos que fijarnos las cosas que estamos haciendo mal, corregirlas, tratar de no comprometer a los árbitros y no simular tanto como se está simulando”, señaló. Parece chiste. De todas maneras, las transgresiones de los ídolos prescriben rápidamente en la memoria de la afición. Así es el fútbol.

jueves, octubre 29, 2009

Al calor del infierno

Algo menos de cuarenta y cinco horas le duró al negro la posesión de la punta del torneo. Un disfrute demasiado efímero para el loco afán de la afición. Un disfrute demasiado pasajero para la ambición que alimentan los protagonistas. Sin embargo, las cambiantes alternativas que ofrece la competencia no están en condiciones de negarle al sabalé un nuevo asentamiento en la cima. Todo depende de la fortaleza anímica que el grupo manifieste de ahora en más para retornar a la senda que momentáneamente abandonó por errores propios. Yerros que partieron de la cabeza encargada de pergeñar movimientos de piezas y de tácticas a la hora de enfrentar al rival de turno. De ahí hacia abajo, nada funcionó como funcionaba.

Lo primero que se intuye, luego de la derrota de ayer, es que el gran responsable de mover los hilos está haciendo trampa. Un análisis más allá de la mirada ordinaria podría arrojar resultados sorprendentes. Para tapar decisiones equivocadas, el entrenador estaría apelando al viejo truco de inventar lesiones. Pasó hace unos partidos atrás, cuando, de manera sorpresiva, el pibito FB acusó una nana inexplicable, que al fin y al cabo se encargó de desmentir con una corrida de maratonista al momento de entrar en juego. Pasó en la última contienda de local, cuando, para explicar la salida de un carrilero desequilibrante, se adujo la vieja y consabida contractura. Las equivocaciones no son un pecado; la mentira, el engaño, sí.

Anoche, la estrategia estuvo mal planteada y la muchachada, ni corta ni perezosa, aportó lo suyo. Una derrota no es para perder la esperanza que se ha ido construyendo durante todo este peregrinar; pero, subirse al carro de la soberbia, la falta de autocrítica, el ocultamiento de determinadas cuestiones, pueden hacer las veces de espejo distorsionado, esos que eran la atracción de las desaparecidas ferias de diversiones. Hasta ahora, el entrenador ha sabido enmendar, de mil y una formas, las limitaciones del equipo; pero el campeonato está a la mitad y los nervios, más los imprevistos –expulsiones o parates por acumulación de amarillas– comienzan a condicionar el futuro. Hace falta inteligencia para permanecer.


APOSTILLAS

Cerrando el pico. El primer mandatario hizo trizas su cábala. A pesar de haber adoptado la postura de no hablar antes de los partidos, anoche le acercaron un micrófono y no resistió la tentación. “Hoy les ganamos”, dijo con aire suficiente. Descorchar anticipadamente es de mal augurio. Mejor que vuelva al ostracismo, porque su fuerte no es el arte de la adivinación.

La viga en el propio. Indignado estaba el chupalerche primero a raíz de la habilitación de un estadio inconcluso. “Nosotros tenemos que decirle la verdad a la gente, esta obra no llegó ni a la mitad de su ejecución”. “No se justifica semejante inversión”. El parodismo vernáculo a sueldo, afuera ve cosas que adentro no sólo ignora, sino alienta. Coherencia menos cero.

Joyita opacada. Las últimas actuaciones del único jugador que le ha dado un toque de buen fútbol al equipo están dejando mucho que desear. La estrategia de inducirlo a la caída constante no resulta eficaz. Antes que buscar, a través de su desplome, el tiro libre salvador, el entrenador debería alentar su innata habilidad. Gambeta y adelante, esa es la cuestión.

Cacique ofuscado. No le gustó un pomo el cambio al tercer defensor. Si bien no tuvo una buena noche, descompensar la defensa no fue una buena idea. Cuando el cambio debe ser quirúrgico, el cirujano falla. De todas maneras ni poniendo un molinete de última generación hubiera evitado la contundencia de enfrente. Ojo con la mala praxis.

lunes, octubre 26, 2009

El mundo del espectáculo

Los films más taquilleros del primer mundo, esos que reciben todos los galardones habidos y por haber porque sus directores se llevan de maravillas con el “establishment” que maneja los hilos de la meca del cine; no los que hacen pensar o dejan una moraleja ejemplificadora o resultan extremadamente densos para el espectador común, esos no; suelen conjugar en sus tramas una irresistible variedad de recursos destinados a mantener el interés de la platea de principio a fin. Excelsas producciones –épicas, de ciencia ficción o de molde catástrofe–, que combinan aventura, drama, suspenso, intriga, emoción, vértigo, sufrimiento, luchas intestinas, un infaltable toque de comicidad, cientos de extras y mucho, pero mucho, dinero en juego.

Pues tal cual una de esas fantásticas creaciones destinadas al entretenimiento masivo, resultó ser el espectáculo que ayer brindó el Brigadier. Goles de excelente factura, gol en contra, gol anulado, escaramuzas entre protagonistas del mismo bando, expulsados, amonestados por doquier, atajadas para la foto, pasajes de buen fútbol, pasajes de dinámica pura, pasajes de excesiva brusquedad, pasajes aletargados, en definitiva, todo lo que un espíritu ávido por disfrutar de la verdadera pasión futbolera busca cada fin de semana. Y un corolario de ensueño, el resultado definitivo que catapultó al sabalé a la cima de la tabla de posiciones haciendo punta sobre un numeroso e interesante lote de aspirantes al título en disputa.

Y que al igual que un suntuoso y heterogéneo vestuario cinematográfico, aglutina oropeles de colores diversos, sangre y luto, rojiblanco, verde, rojinegro, azulgrana, rojo punzó, blanco con un toque de azul; una paleta digna del más talentoso pintor para animar un torneo apasionante. Si la muchachada concentra sus energías en el doble objetivo, puede salir airosa, porque está sólida, comprometida, animada, y si tiene defectos, deberá saber sobrellevarlos con dedicación y trabajo. Después de todo, en cualquier películón pergeñado por la gran industria, suelen colarse escenas defectuosas, fácilmente descubiertas por un ojo escrutador. La perfección no existe y la dirigencia de Colón es una prueba irrefutable de tan popular máxima.


APOSTILLAS

La tierra prometida. Algo no cierra. ¿Por qué, teniendo uno de los mejores predios del país –“biondo gnocchi” dixit–, del mundo, del universo, el plantel sigue practicando una vez por semana en el sat? ¿Será cuestión de negocios? ¿O tal vez, porque las canchas del fabuloso complejo aún no están en condiciones para la práctica futbolística en serio?

Le chifla el turbante. El dt está fastidioso con el parodismo que le pregunta insistentemente por el tema selección. No estaría de más anoticiarlo de que, en ese sentido, el mayor lobbista es un amigote suyo, rostizado a fuerza de cama solar, que anima programejo central en la señal porteña de la emisora enredada. Al parecer, la idea ya no lo seduce tanto.

Icaro hubo uno solo. Quien se salvó raspando de ver el cartón color sangre fue el goleador histórico. Fiel a su estilo, protestó más de la cuenta y cometió varias faltas arteras sin inmutarse. Si pretende seguirle el ritmo al equipo –dentro de la cancha, claro–, debería aflojar un poco con el brebaje que le da alas. ¿No era que iba a mudar de actitud?

Condena de por vida. La sección deportes de la radio peroncha está sentenciada. Por haber puesto al aire al sabueso que denunció la deuda generada, en estos cuarenta meses, por la gestión lercherista, no recibe pauta rojinegra. Ni “la hicieron los pibes de la cantera sabalera”, ni “el plan de modernización tecnológico”. Nada, de nada. Pa’que escarmienten.

jueves, octubre 22, 2009

Una mosca en la sopa


El «biondo gnocchi» no tiene paz. Ahora que está en la cima, disfrutando de su posicionamiento mediático y de las satisfacciones futbolísticas que el equipo le está dando, resulta que irrumpe en la escena la crema, amenazando con «tiros, líos y cosha golda». Como ayer la segregación magmática resultó incontrolable, los chupalerches animadores de las mañanas obsecuentes estiraron el programejo hasta cerrar con el argumento que intentó, infructuosamente, lavar la imagen de la administración modelo. La patética explicación que se insinuó, dejó al descubierto unas cuantas realidades. La menos importante es que al parecer –¿por contrato? –, se encuentra estipulado que la vomitiva emisión no debe bajar la persiana si persisten flotando en el éter cuestionamientos hacia la ejemplar conducción.

Por otro lado, quedó en evidencia el engaño que, contando con la dedicada manipulación de la información que descaradamente practican los parodistas vernáculos pagos, esta dirigencia ha instalado como lineamiento político de base. ¿Así que Colón “le recompró el 25 por ciento” del jugador en cuestión a la entidad vecina? ¿Entonces por qué pretende desligarse de la obligación? Tanto verso, indefectiblemente, desemboca en contradicción. ¿No será que se acordó, cuando el primer mandatario reclamó desesperado la mitad de la mitad de un retoño desterrado, reciprocidad en transacciones futuras? Noooooo, el excelentísimo señor presidente comparte porcentajes como un gesto “de buena voluntad”. Explicaciones absurdas, sin sustento, para salir del paso, difundidas por periquitos que piensan que el colonista es iletrado.

Por último, lo más grave. La institución que compró el cincuenta por ciento de DG le debe a su semejante del barrio Centenario, la friolera de un palo verde. El doble de lo que se hizo circular por los medios adictos. Claro, para disminuir la cifra denunciante de la ineptitud dirigencial en cuanto al cobro de deudas, no incluían la parte que les corresponde a los “socios” rafaelinos. ¡Vaya, vaya! ¡Cuánta picardía! El “enojo” de los directivos rojinegros con sus pares también tiene una explicación que forma parte del paradigma lercherista: «si hay lío, que no se sepa». Cualquier andanada en contra, va en detrimento de la imagen impoluta que hoy elevan como estandarte. Es más importante centrar la atención en los logros cercanos y en las magníficas obras proyectadas que en las insignificantes máculas que puedan empañar tan virtuosa e incomparable gestión. ¡Cuando se caigan las caretas, arderá Troya!