Los que juegan a armar el equipo durante la semana recibieron un duro golpe. El pibe no figuraba en ninguna de las posibles combinaciones. Sus intrascendentes actuaciones, su nula evolución, su falta de técnica, su escasa inteligencia a la hora de interpretar el juego lo convirtieron en un candidato al banco en todas las variantes arriesgadas. Sin embargo, contra todos los pronósticos, fue el encargado de iluminar la noche más larga. Los quinientos cuarenta minutos sin festejos terminaron gracias a la arremetida de un juvenil producto de inferiores, empecinado en prolongar su pubertad.
El triunfo ante un rival directo en la lucha por la permanencia ilusionó a la multitud que se dio cita en un ámbito casi resignado a la herencia impuesta por la falsa pertenencia. Presa de febril entusiasmo y fundida en un grito liberador, antes, durante y después del tanto que cortó la paridad, dejó sentado su firme propósito de resistir hasta el final si los protagonistas reproducen en la cancha su genuina expresión. Después de todo, aunque el tintineo dure un par de días, la renovación de la confianza sirve para mantener viva la llama del optimismo donde la devastación hizo estragos.
En la frialdad del día después, pasada la tensión del primer round en terreno local, al evaluar lo que puede dar un conjunto limitado, el entusiasmo vuelve a su lugar y plantea la realidad descarnadamente. Unos cuantos batallan por lo mismo, otros tantos aspiran a escalar hacia los primeros puestos, la maquinaria puesta en funcionamiento debería responder a una exigencia para la que la capacidad no alcanza. Un grata sorpresa, un inocuo poder ofensivo, una defensa con altibajos resultan muy poco para poner un freno a las aspiraciones de los adversarios de turno. Aunque la porfía pese.
APOSTILLAS
Salvavidas de plomo. Las sorpresas con que la comisión directiva se desayuna todos los días no dejan otra salida. Se viene la ley de salvataje deportivo para gambetear embargos y hasta la quiebra. Al parecer, "el apoyo del grupo económico-financiero más importante de la ciudad" del que hablaba el presidente en la campaña se esfumó antes de encenderse. Puro humo.
Fuera de sí. Vivió el partido al borde del ataque de nervios. El desaforado festejo del entrenador, una vez cortada la seguidilla negativa, lo ubicó en lo más alto del podio de la exageración. No se sabe si se trató de un desahogo personal o si lidiar con troncos lo está trastornando más de la cuenta. Para la próxima se recomienda asistencia médica cerca, por las dudas.
Orejas de burro. Los cómplices de la banda en fuga intentaron venderlo como el terror de las áreas rivales, pero el pibe no sabe lo que es embocar la pelota en el arco. Hasta ahora califica más como maratonista que como temible delantero. La increíble bocha que cabeceó afuera, con la red a su entera merced, lo hace acreedor al banco de suplentes, hasta que aprenda.
Fin del relato. De ensalzar la revolución de inferiores al silenzio stampa en apenas un suspiro.
A la luz de la realidad, el parodismo rastrero optó por dejar atrás el discurso servil que se regocijaba contando la cantidad de purretes que saltaban a primera. El bajo nivel de los promovidos no da para continuar la fiesta argumental. El tiempo puso las cosas en su lugar.
martes, febrero 18, 2014
miércoles, febrero 12, 2014
El principio del fin
Una muestra de bolsillo de lo que será este torneo para un equipo condenado, con antelación, al más tortuoso de los castigos. El orden y la concentración duraron hasta que el rival se puso serio. Sin poder de creación, sin poder ofensivo, el interesante (¿?) planteo del entrenador termina reducido a un ordinario esquema defensivo que sobrevive hasta que el primer gol del adversario pone las cosas en su lugar. De ahí en más, la historia vuelve a sus carriles normales; cuatrocientos ochenta y cinco minutos sin convertir resultan un precedente de peso para que el vestuario cobije un puñado de silenciosas frustraciones y un conductor siempre dispuesto a desempolvar el vetusto manual de las excusas.
El destino, marcado finamente por quienes avalaron siete interminables años de falsa pertenencia, parece inexorable. De nada vale apelar a la mística, este plantel no sabe de qué se trata el tema; ni a la dignidad, cuando las derrotas se sucedan sin solución de continuidad hasta el más rebelde de los protagonistas bajará los brazos y hará lo que pueda sin demasiado desgaste. Así lo dicta la ley del entregado. Se ha visto en infinidad de ocasiones y ésta no será la excepción. Vendrán tiempos en los que la fuerza del apoyo incondicional creerá mover montañas para disimular la vergüenza de lo que siempre creyó lejano; sin embargo, llegado el momento, por algún lado brotará la desazón e impondrá presencia.
También vendrán tiempos en que se le echará la culpa a la esquiva suerte. El inefable argumento de los mediocres nunca falta en estos casos. Lo cierto es que una vez conscientes del desenlace, la mira se correrá a lo que muchos todavía no calibran en su justa medida. La posibilidad de desaparición de la entidad en un contexto de quiebra inevitable. Para salvar los despojos, la única alternativa pasa por acogerse a la ley que le permitió a otros volver después de ver la luz al final del túnel. Si la movida funciona o no, si el rescate tiene el mismo final que otros con mayor poder de recuperación en el aspecto económico, sólo el tiempo lo dirá. Por las dudas, habrá que estar preparado.
APOSTILLAS
Derecho de piso. Para la comisión directiva, la negativa de la entidad madre a autorizar las incorporaciones fue un baldazo de agua fría. Confiaba en que el todo pasa haría la vista gorda y perdonaría los pecados de los facinerosos en fuga. El delantero que se quedó con las ganas fue lapidario: "Los dirigentes se manejaron mal". Empezar con el pie izquierdo figuraba en los planes.
A la vieja usanza. Los que nunca levantaron la voz frente al latrocinio, extrañamente han echado mano de los mismos argumentos que usaba la banda que devastó la institución para contentar a la gilada. Considerar como "un refuerzo" a quien fuera relegado por capacidad y rendimiento parece una tomada de pelo digna del impresentable vice. Algunas prácticas no se abandonan.
Quiebre de cintura. Ante la imposibilidad de contar con los tres refuerzos previstos, el entrenador amagó con renunciar. Consciente de lo que se viene, pensó en dar un paso al costado para no manchar su nobel hoja de servicio. Dicen las malas lenguas que la directiva le prometió continuidad más allá de los resultados; por eso, pasada la tormenta, lo pensó mejor y descartó de plano el trascendido.
Violín en bolsa. Desde que se desató la hecatombe, el chupalerche primero se sumergió en un silencio sepulcral. Nadie sabe si es porque le carcome la conciencia o si todavía no puede elaborar el duelo. Por lo pronto, en algo supo tener razón. "El tiempo pondrá las cosas en su lugar", solía repetir para justificar lo injustificable. Y así fue, quedó como el vocero oficioso de la dirigencia más dañina en ciento ocho años de historia.
El destino, marcado finamente por quienes avalaron siete interminables años de falsa pertenencia, parece inexorable. De nada vale apelar a la mística, este plantel no sabe de qué se trata el tema; ni a la dignidad, cuando las derrotas se sucedan sin solución de continuidad hasta el más rebelde de los protagonistas bajará los brazos y hará lo que pueda sin demasiado desgaste. Así lo dicta la ley del entregado. Se ha visto en infinidad de ocasiones y ésta no será la excepción. Vendrán tiempos en los que la fuerza del apoyo incondicional creerá mover montañas para disimular la vergüenza de lo que siempre creyó lejano; sin embargo, llegado el momento, por algún lado brotará la desazón e impondrá presencia.
También vendrán tiempos en que se le echará la culpa a la esquiva suerte. El inefable argumento de los mediocres nunca falta en estos casos. Lo cierto es que una vez conscientes del desenlace, la mira se correrá a lo que muchos todavía no calibran en su justa medida. La posibilidad de desaparición de la entidad en un contexto de quiebra inevitable. Para salvar los despojos, la única alternativa pasa por acogerse a la ley que le permitió a otros volver después de ver la luz al final del túnel. Si la movida funciona o no, si el rescate tiene el mismo final que otros con mayor poder de recuperación en el aspecto económico, sólo el tiempo lo dirá. Por las dudas, habrá que estar preparado.
APOSTILLAS
Derecho de piso. Para la comisión directiva, la negativa de la entidad madre a autorizar las incorporaciones fue un baldazo de agua fría. Confiaba en que el todo pasa haría la vista gorda y perdonaría los pecados de los facinerosos en fuga. El delantero que se quedó con las ganas fue lapidario: "Los dirigentes se manejaron mal". Empezar con el pie izquierdo figuraba en los planes.
A la vieja usanza. Los que nunca levantaron la voz frente al latrocinio, extrañamente han echado mano de los mismos argumentos que usaba la banda que devastó la institución para contentar a la gilada. Considerar como "un refuerzo" a quien fuera relegado por capacidad y rendimiento parece una tomada de pelo digna del impresentable vice. Algunas prácticas no se abandonan.
Quiebre de cintura. Ante la imposibilidad de contar con los tres refuerzos previstos, el entrenador amagó con renunciar. Consciente de lo que se viene, pensó en dar un paso al costado para no manchar su nobel hoja de servicio. Dicen las malas lenguas que la directiva le prometió continuidad más allá de los resultados; por eso, pasada la tormenta, lo pensó mejor y descartó de plano el trascendido.
Violín en bolsa. Desde que se desató la hecatombe, el chupalerche primero se sumergió en un silencio sepulcral. Nadie sabe si es porque le carcome la conciencia o si todavía no puede elaborar el duelo. Por lo pronto, en algo supo tener razón. "El tiempo pondrá las cosas en su lugar", solía repetir para justificar lo injustificable. Y así fue, quedó como el vocero oficioso de la dirigencia más dañina en ciento ocho años de historia.
viernes, febrero 07, 2014
Nada es real
No es cierto que la institución esté al borde de la quiebra. La comisión directiva saliente nunca hubiera gestionado en contra de lo que afirmaba venerar. No es cierto que la institución esté devastada. Los empleados del club, en muchos casos glorias del pasado o hinchas declarados, nunca hubieran permitido manejos que afectaran el patrimonio del club. No es cierto que los registros de movimientos diarios estén desaparecidos. Los ex dirigentes, conscientes de las obligaciones que cada uno asumió, nunca hubieran cometido semejante irresponsabilidad. Tampoco es cierto que no hayan honrado las deudas ni tomado recursos por adelantado, nunca hubieran comprometido la economía que tan bien decían controlar.
No es cierto que la mayoría societaria haya aprobado con su voto, en tres ocasiones, a una caterva de delincuentes. Los pocos que suelen hacer uso del derecho a elegir autoridades son lo suficientemente inteligentes como para discernir entre buena intención y malignidad. No es cierto que la mayoría societaria haya tolerado, a sabiendas, desaguisados que pusieran en riesgo la vida deportiva e institucional de la entidad. El proclamado sentimiento por los colores nunca hubiera dejado pasar tamaña inclinación a la rapacidad. Tampoco es cierto que socios y simpatizantes hayan soportado sin protestar el violento accionar de una barra brava rentada, nunca hubieran permitido el avasallamiento de lo que por ley les corresponde.
No es cierto que buena parte del periodismo haya sido funcional a una banda de facinerosos sin escrúpulos. Quienes honran el oficio, con las posibilidades que la actividad brinda, jamás hubieran avalado conductas reñidas con la ética y la moral. No es cierto que personajes con una dilatada trayectoria en el terreno de la comunicación hayan sido cómplices o encubridores de actos ilícitos o de matriz delictiva. Quienes se precian de una trayectoria impecable y de ejercer sin condicionamientos la libre opinión jamás hubieran protegido a una corruptela enquistada en el poder. Tampoco es cierto que añosos medios de prensa hayan ponderado a una gestión deleznable a cambio de dádivas o prebendas varias, jamás hubieran puesto en venta su credibilidad. Es fácil vivir con los ojos cerrados.
No es cierto que la mayoría societaria haya aprobado con su voto, en tres ocasiones, a una caterva de delincuentes. Los pocos que suelen hacer uso del derecho a elegir autoridades son lo suficientemente inteligentes como para discernir entre buena intención y malignidad. No es cierto que la mayoría societaria haya tolerado, a sabiendas, desaguisados que pusieran en riesgo la vida deportiva e institucional de la entidad. El proclamado sentimiento por los colores nunca hubiera dejado pasar tamaña inclinación a la rapacidad. Tampoco es cierto que socios y simpatizantes hayan soportado sin protestar el violento accionar de una barra brava rentada, nunca hubieran permitido el avasallamiento de lo que por ley les corresponde.
No es cierto que buena parte del periodismo haya sido funcional a una banda de facinerosos sin escrúpulos. Quienes honran el oficio, con las posibilidades que la actividad brinda, jamás hubieran avalado conductas reñidas con la ética y la moral. No es cierto que personajes con una dilatada trayectoria en el terreno de la comunicación hayan sido cómplices o encubridores de actos ilícitos o de matriz delictiva. Quienes se precian de una trayectoria impecable y de ejercer sin condicionamientos la libre opinión jamás hubieran protegido a una corruptela enquistada en el poder. Tampoco es cierto que añosos medios de prensa hayan ponderado a una gestión deleznable a cambio de dádivas o prebendas varias, jamás hubieran puesto en venta su credibilidad. Es fácil vivir con los ojos cerrados.
viernes, enero 31, 2014
El perpetuo socorro
Los nostálgicos extrañan las permanentes buenas nuevas de la falsa pertenencia. Esas que les permitían, por apenas un rato, sentirse parte de otro mundo. Hoy, el bajón domina la escena; las sorpresas desagradables se suceden como antes las noticias que daban cuenta de un paraíso de cartón pintado y lo peor del caso es que las soluciones se resisten a aparecer. Por el momento, el manejo dirigencial sólo se reduce a reuniones para destrabar, para prometer, para negociar, para ofrecer, pero para darle un corte a las pálidas todavía no mucho. Lo de la millonaria venta no es para contar como un logro, ya que la historia venía encaminada; cerrarla al mejor postor fue una cuestión de básico sentido común. Para medir la dimensión que tomó el asunto basta comparar el espacio que le dedicó el pasquinejo vernáculo con el que hace poco más de un año ocupó la delirante cotización del ex primer mandatario.
Respecto del tema económico, si bien es valorable la predisposición, resulta un enunciado falso afirmar que el plantel está al día. Hay que tener en cuenta que no sólo la deuda anterior quedó atada a un plan de pagos a cumplir, sino que el mes en curso ya debe considerarse como pendiente. Al parecer, existen costumbres muy arraigadas, difíciles de erradicar. Más allá de que la afición esté necesitada de alicientes, habrá que tener presente que las mentiras han hecho demasiado daño; los títulos rimbombantes, ávidos de encontrar aire gracias al parodismo rastrero, deberían pertenecer al pasado. Para diferenciarse de la peor directiva en ciento ocho años de vida no hace falta mucho más que la verdad. Por lo pronto, en estos días los ánimos se levantan con el móvil capta socios y la fiesta armada con música y fútbol, un toque de alegría en la previa del certamen que puede terminar entre lágrimas.
Antes de dar inicio a la presentación del primer equipo que afrontará la etapa más crucial de los últimos tiempos, la comisión programó un acto de desagravio. Muchos cómplices de la profanación estarán presentes. Especialmente quienes desde las páginas de un medio escrito colaboraron con la banda en fuga encubriendo los hechos de una forma tan burda que terminaron siendo el hazmerreír nacional. Habrá que ver con qué cara caminarán por los pasillos del estadio, con qué cara mirarán a los ojos sangre y luto, con qué cara volverán a dar testimonio de los acontecimientos. Hipócritas. Los mismos que jugaron un papel estratégico en el latrocinio que dejó a la institución en estado terminal. Los mismos que después de tanta obsecuencia, la van de víctimas. Los mismos que no se hacen cargo del servilismo que cultivaron con perseverancia monacal. Los mismos mediocres de siempre.
Respecto del tema económico, si bien es valorable la predisposición, resulta un enunciado falso afirmar que el plantel está al día. Hay que tener en cuenta que no sólo la deuda anterior quedó atada a un plan de pagos a cumplir, sino que el mes en curso ya debe considerarse como pendiente. Al parecer, existen costumbres muy arraigadas, difíciles de erradicar. Más allá de que la afición esté necesitada de alicientes, habrá que tener presente que las mentiras han hecho demasiado daño; los títulos rimbombantes, ávidos de encontrar aire gracias al parodismo rastrero, deberían pertenecer al pasado. Para diferenciarse de la peor directiva en ciento ocho años de vida no hace falta mucho más que la verdad. Por lo pronto, en estos días los ánimos se levantan con el móvil capta socios y la fiesta armada con música y fútbol, un toque de alegría en la previa del certamen que puede terminar entre lágrimas.
Antes de dar inicio a la presentación del primer equipo que afrontará la etapa más crucial de los últimos tiempos, la comisión programó un acto de desagravio. Muchos cómplices de la profanación estarán presentes. Especialmente quienes desde las páginas de un medio escrito colaboraron con la banda en fuga encubriendo los hechos de una forma tan burda que terminaron siendo el hazmerreír nacional. Habrá que ver con qué cara caminarán por los pasillos del estadio, con qué cara mirarán a los ojos sangre y luto, con qué cara volverán a dar testimonio de los acontecimientos. Hipócritas. Los mismos que jugaron un papel estratégico en el latrocinio que dejó a la institución en estado terminal. Los mismos que después de tanta obsecuencia, la van de víctimas. Los mismos que no se hacen cargo del servilismo que cultivaron con perseverancia monacal. Los mismos mediocres de siempre.
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