Adentro, la situación está que arde. Afuera, el fuego se va extinguiendo de a poco. Ya ni las derrotas movilizan los reclamos. La desidia que corre por las venas de la masa enajenada le está dando la razón a lo que queda de la dirigencia. Aguantar el embate, esperar que pase la tormenta y volver a la escena cuando el panorama aclare. Con una pizca de fortuna, aparecerá el auxilio que hace falta para que el engranaje corrupto tome impulso nuevamente y siga funcionando sin mayores sobresaltos. El negocio no sabe de límites, aunque la institución acuse una herida de muerte. Los adláteres del axioma del anillo pueden certificarlo. Si llega el combustible necesario para poner en marcha la herramienta apta todo servicio, el cerco pretoriano volverá dispuesto a retomar acciones en defensa de la continuidad del modelo.
Mientras tanto, tapando agujeros a los ponchazos, pretenden extender la sangría por lo que resta del certamen; una vez finalizada la contienda, y con diecinueve fechas por delante para la definición, el receso tranquilizará las aguas y los peticionantes pasarán a un obligado cuarto intermedio, dando lugar al trazado de nuevas estrategias evasivas. Con la cobertura del pasquinejo vernáculo, la dilación está asegurada. En pocos días, los titulares salpicados de nombres rutilantes, candidatos a cubrir el cupo de dos incorporaciones con vistas al próximo semestre, coparán la atención de la afición anestesiada, arrastrándola al debate de trayectorias y preferencias. En un año pueden suceder muchas cosas. Pueden llover billetes frescos, puede caer del cielo una soga salvadora o puede acaecer el descenso a mitad de camino.
Por algo el parodismo mediocre y servil pide a gritos un golpe de suerte. Seis o cinco puntos de doce pueden significar el poco de oxígeno que mantenga al moribundo con alguna esperanza de vida. Pero como el relativismo suele trastocar los planes de los embusteros, una extensión de malos resultados le daría vía libre a la hecatombe sin retorno y con ella a la huida en bandada de los jirones de la falsa pertenencia. Ni en los planes del más optimista figura una remontada salvadora en manos de los pibes, lanzados a la arena cual carneros a degüello, sin capacidad, sin experiencia, sin espalda, sin fortaleza mental, sin la frialdad necesaria para sortear la situación. Menos con un conductor inepto y pusilánime, incapaz de plantarse ante quienes no dudan en usarlo de felpudo. La excusa del siempre listo por amor a los colores no tiene cabida cuando de defender la categoría se trata.
APOSTILLAS
Operativo cerrojo. Mientras algunos juegan al encubrimiento, el excelentísimo señor presidente, todavía autolicenciado, busca las mil y una salidas a la crisis por lo bajo y en silencio. Rematando al mejor postor las joyas de la abuela, o liquidando saldos y retazos en el mercado negro, intenta juntar alguna moneda para sofocar la andanada de demandas. El aroma a tierra arrasada ya es imposible de ocultar. Quiso cambiar la historia, está a un paso de lograrlo.
Rulo de estatua. Al impresentable vice no le importa un pomo la sangría societaria; cuantos menos queden en condición de votar, más sencillo será bancar el aparato que le asegure el respaldo a una candidatura. La tarasca para costear la iniciativa ya la tiene guardada debajo del colchón. Dicen sus íntimos que lo tiene sin cuidado pasar por idiota útil en este aciago momento y que sólo piensa en el futuro. Siempre y cuando, antes, no caiga en la gayola por apañar delincuentes.
Marcha atrás. Siguiendo los pasos del artillero venido a menos, el ex capitán y veterano referente se trenzó con el conductor ante la atónita mirada de propios y extraños. Por suerte, enseguida vino la aclaración y la armonía volvió a reinar en el seno del grupo. No es cierto que le haya susurrado al oído vaticinios truculentos, ni que le haya puesto una mano voladora; el intercambio de opiniones se produjo a raíz de su situación personal. Quiere aportar su granito de arena. Imposible no creerle.
Punto muerto. Empiezan a florecer postulantes para el cargo y el chupalerche primero ya anda tratando de acomodarse con alguno para no perder el conchabo. Después de todo, un obsecuente tan fiel y dedicado no es para despreciar. Especialmente teniendo en cuenta el poder de penetración de una opinión tan influyente. Si las circunstancias lo requieren, sin que se le caigan los anillos, puede pasar a chupahilbert en menos de lo que canta un gallo. Lo pasado, pisado. Sin rencores.
jueves, noviembre 14, 2013
viernes, noviembre 08, 2013
La mentira continúa
Un halo de incredulidad artificial envolvió las últimas horas de espera. Mientras sus secuaces le cubren las espaldas apelando a la estrategia de la evasiva y la dilación, el autolicenciado no tuvo más remedio que salir del ostracismo para ensayar algunas explicaciones. Los que vieron manchado su buen nombre y honor (¿?), afectados por triquiñuelas de baja estofa, exigieron una satisfacción para no quedar pegados a las fechorías que pergeñaron los facinerosos con el propósito de exprimir la carta blanca. Hasta el momento, ningún enroque dio resultado. En el laberinto del billete intangible nadie quiere entrar sin una mínima garantía, menos si la invitación viene de parte de tahúres conocidos, ahora procesados e investigados por la justicia. Todo puede empeorar.
Entre puertas cerradas, renuncias indeclinables y preguntas sin respuesta, la voz de la mendacidad intenta también pedalear la deuda interna con promesas de pago discrecional, atadas con alambre. La estrategia es dividir al plantel, privilegiando algunas necesidades por sobre otras, desafectando a históricos, borrando a rebeldes. La purretada, rueda de auxilio de la indigencia, no sólo juega por descarte, también resulta la herramienta perfecta para disciplinar a los veteranos y sofocar cualquier conato de alzamiento, ya sea por reclamos económicos o diferencias futbolísticas. Por ahora, con la inverosímil oferta, consiguieron neutralizar la intención de los más afectados, de no concentrar para el encuentro del próximo domingo. Todo puede empeorar.
Párrafo aparte para el despreciable papel que juega el parodismo servil, resistiendo como puede el embate de la realidad, en resguardo de prebendas y beneficios propios. Desde una devaluada sección del pasquinejo vernáculo y contados minutos de aire enviciado, últimos bastiones de la corruptela enquistada en la centenaria entidad, se trata despectivamente a los miles que salieron a defender los colores, se parangonan situaciones económicas para instalar la idea de que la debacle es general, se minimizan los conflictos de vestuario, se desvía el ángulo del análisis camuflando lo importante con temas menores y hasta se soslaya la información que compromete directamente a figuras centrales con posibles delitos. El miedo, a que con la huida de la dirigencia salgan a la luz convenios reñidos con la moral y la ética, no es zonzo. Todo puede empeorar.
Entre puertas cerradas, renuncias indeclinables y preguntas sin respuesta, la voz de la mendacidad intenta también pedalear la deuda interna con promesas de pago discrecional, atadas con alambre. La estrategia es dividir al plantel, privilegiando algunas necesidades por sobre otras, desafectando a históricos, borrando a rebeldes. La purretada, rueda de auxilio de la indigencia, no sólo juega por descarte, también resulta la herramienta perfecta para disciplinar a los veteranos y sofocar cualquier conato de alzamiento, ya sea por reclamos económicos o diferencias futbolísticas. Por ahora, con la inverosímil oferta, consiguieron neutralizar la intención de los más afectados, de no concentrar para el encuentro del próximo domingo. Todo puede empeorar.
Párrafo aparte para el despreciable papel que juega el parodismo servil, resistiendo como puede el embate de la realidad, en resguardo de prebendas y beneficios propios. Desde una devaluada sección del pasquinejo vernáculo y contados minutos de aire enviciado, últimos bastiones de la corruptela enquistada en la centenaria entidad, se trata despectivamente a los miles que salieron a defender los colores, se parangonan situaciones económicas para instalar la idea de que la debacle es general, se minimizan los conflictos de vestuario, se desvía el ángulo del análisis camuflando lo importante con temas menores y hasta se soslaya la información que compromete directamente a figuras centrales con posibles delitos. El miedo, a que con la huida de la dirigencia salgan a la luz convenios reñidos con la moral y la ética, no es zonzo. Todo puede empeorar.
lunes, noviembre 04, 2013
El tiro de gracia
Demoró siete años, cinco meses y siete días, pero finalmente la tapa de la olla saltó y nada ni nadie pudo impedir que el olor nauseabundo impregnara los rincones dejando a muchos en estado de shock. La previa del partido se tiñó de negro cuando lo que empezó como un rumor terminó siendo confirmado oficialmente. Quita de seis puntos por una antigua deuda de seis cientos mil verdes. Cuestión desmentida hace apenas unos días, considerada como una difamación por quien hoy está más escondido que nunca, y que paradógicamente puede disparar masivas renuncias. Los que se reacomodaron y vieron la posibilidad de subir un par de escalones, después de semejante noticia, anticiparon que no tienen la más mínima intención de hacerse cargo de culpas ajenas. Una cosa es compartir privilegios y otra quedar pegados a la vergüenza de haber hundido en el fango a la centenaria institución.
Las reacciones tomaron caminos diferentes. Los que no comprenden la gravedad del asunto y que sólo piensan en el qué dirán, disfrutaron de ver a los pibes apremiando al puntero. Los que apañaron todos y cada uno de los chanchullos, empezaron a elucubrar diferentes maneras de salir del atolladero con la menor cantidad de heridas posible. Los que se comprometieron desde que se precipitó la hecatombe y salieron a agitar las banderas de la dignidad, sufrieron en carne viva la mala nueva y ya evalúan con indignación lo que podría acontecer de cara al futuro. Los que la vieron venir, y se jugaron por denunciar a pesar de críticas y acusaciones, respiraron aliviados, con la conciencia tranquila, convencidos de que inclusive cuando fueron vilipendiados, no estuvieron errados al remar contra la corriente. Los pocos que siempre cuestionaron con conocimiento de causa, no ocultaron la satisfacción de haber sido los únicos que nunca se callaron y advirtieron lo que hoy parece irreversible.
Queda por ver quién se hará cargo de los despojos. Si resisten las sanguijuelas que propiciaron este presente o si, ante la imposibilidad de seguir ocultando los desaguisados, dispararán como cobardes dejando el barco a la deriva para que otros se hagan cargo. Al parecer, la increíble novedad es sólo la primera de unas cuantas que irán saliendo a la luz a medida que transcurran las horas. En este duro trance habrá que tener en cuenta, también, la parte que le corresponde a los cómplices. Los que operaron desde adentro, disfrazados de glorias del pasado, y los que lo hicieron desde afuera, enfundados en ropajes de parodistas rastreros. Los que ayudaron a tapar el monumental desmanejo a sabiendas, partícipes necesarios de las innumerables fechorías cometidas, a cambio de beneficios en efectivo o en especie. A esta altura, no hay ingenuidad que valga. Ni siquiera de parte de la afición aplaudidora que tendrá que hacer su propio examen de conciencia.
APOSTILLAS
Sobran pelotas. Puede descansar tranquilo el excelentísimo señor presidente, hoy autolicenciado. Al fin se cumplió su promesa de posicionar a la entidad en los primeros planos de la consideración nacional. A raíz de la quita de puntos copó la tapa de todos los medios. Aunque algunos serviles anuncien por lo bajo su retorno en quince días, después de las últimas novedades, difícil ver asomar su resembrada cabellera por los lugares que solía frecuentar. Falta hombría de bien.
Sólo sé que no sé nada. En una parodia de conferencia de prensa, el impresentable vice confirmó lo que hasta ese momento era un secreto a voces. Su supina ignorancia no se circunscribe solamente a una cuestión de educación. Para zafar momentáneamente, secundado por una galería de antológicas caripelas, apeló a la estrategia del no sabe, no contesta. Ni la convocatoria para tirarle la manga a los socios pudientes, ni los llamados a históricos dirigentes. Cuenta regresiva.
Dieta obligada. Consumido por la falta de efectivo, el artillero venido a menos, salió a desparramar excremento para todos lados. Aparte de pegarle al que desde marzo le tira papelitos incobrables, y dejar aclarado que hoy por hoy no tiene un mango ni para ir al super, le dio para que tenga y guarde al conductor envalentonado. Lo trató de mala persona mientras que el aludido le contestó que los trapos sucios se lavan en casa. Algunos cráneos todavía no entendieron nada. Capacidades cognitivas disminuidas.
Bellos durmientes. El parodismo vernáculo, que quedó fuera del reparto de subsidios, está cabrero. "Nosotros fuimos engañados burdamente", regurgitó el maestro en medio de su devaluada diatriba contra la dirigencia. El que cada vez que opina pide perdón por temor a herir susceptibilidades olvida que un subordinado suyo admitió públicamente, hace un tiempo, callar muchas cosas. Si en reunión de producción no evaluaran autocensurarse por conveniencias varias, a lo mejor serían más creíbles. El oficio en estado de coma.
Las reacciones tomaron caminos diferentes. Los que no comprenden la gravedad del asunto y que sólo piensan en el qué dirán, disfrutaron de ver a los pibes apremiando al puntero. Los que apañaron todos y cada uno de los chanchullos, empezaron a elucubrar diferentes maneras de salir del atolladero con la menor cantidad de heridas posible. Los que se comprometieron desde que se precipitó la hecatombe y salieron a agitar las banderas de la dignidad, sufrieron en carne viva la mala nueva y ya evalúan con indignación lo que podría acontecer de cara al futuro. Los que la vieron venir, y se jugaron por denunciar a pesar de críticas y acusaciones, respiraron aliviados, con la conciencia tranquila, convencidos de que inclusive cuando fueron vilipendiados, no estuvieron errados al remar contra la corriente. Los pocos que siempre cuestionaron con conocimiento de causa, no ocultaron la satisfacción de haber sido los únicos que nunca se callaron y advirtieron lo que hoy parece irreversible.
Queda por ver quién se hará cargo de los despojos. Si resisten las sanguijuelas que propiciaron este presente o si, ante la imposibilidad de seguir ocultando los desaguisados, dispararán como cobardes dejando el barco a la deriva para que otros se hagan cargo. Al parecer, la increíble novedad es sólo la primera de unas cuantas que irán saliendo a la luz a medida que transcurran las horas. En este duro trance habrá que tener en cuenta, también, la parte que le corresponde a los cómplices. Los que operaron desde adentro, disfrazados de glorias del pasado, y los que lo hicieron desde afuera, enfundados en ropajes de parodistas rastreros. Los que ayudaron a tapar el monumental desmanejo a sabiendas, partícipes necesarios de las innumerables fechorías cometidas, a cambio de beneficios en efectivo o en especie. A esta altura, no hay ingenuidad que valga. Ni siquiera de parte de la afición aplaudidora que tendrá que hacer su propio examen de conciencia.
APOSTILLAS
Sobran pelotas. Puede descansar tranquilo el excelentísimo señor presidente, hoy autolicenciado. Al fin se cumplió su promesa de posicionar a la entidad en los primeros planos de la consideración nacional. A raíz de la quita de puntos copó la tapa de todos los medios. Aunque algunos serviles anuncien por lo bajo su retorno en quince días, después de las últimas novedades, difícil ver asomar su resembrada cabellera por los lugares que solía frecuentar. Falta hombría de bien.
Sólo sé que no sé nada. En una parodia de conferencia de prensa, el impresentable vice confirmó lo que hasta ese momento era un secreto a voces. Su supina ignorancia no se circunscribe solamente a una cuestión de educación. Para zafar momentáneamente, secundado por una galería de antológicas caripelas, apeló a la estrategia del no sabe, no contesta. Ni la convocatoria para tirarle la manga a los socios pudientes, ni los llamados a históricos dirigentes. Cuenta regresiva.
Dieta obligada. Consumido por la falta de efectivo, el artillero venido a menos, salió a desparramar excremento para todos lados. Aparte de pegarle al que desde marzo le tira papelitos incobrables, y dejar aclarado que hoy por hoy no tiene un mango ni para ir al super, le dio para que tenga y guarde al conductor envalentonado. Lo trató de mala persona mientras que el aludido le contestó que los trapos sucios se lavan en casa. Algunos cráneos todavía no entendieron nada. Capacidades cognitivas disminuidas.
Bellos durmientes. El parodismo vernáculo, que quedó fuera del reparto de subsidios, está cabrero. "Nosotros fuimos engañados burdamente", regurgitó el maestro en medio de su devaluada diatriba contra la dirigencia. El que cada vez que opina pide perdón por temor a herir susceptibilidades olvida que un subordinado suyo admitió públicamente, hace un tiempo, callar muchas cosas. Si en reunión de producción no evaluaran autocensurarse por conveniencias varias, a lo mejor serían más creíbles. El oficio en estado de coma.
miércoles, octubre 30, 2013
Pescado rabioso
Ni las masivas concentraciones, ni los pedidos de renuncia. Una nueva derrota precipitó los acontecimientos. Sin embargo, a nadie escapa que la solicitud de licencia por tiempo indeterminado viene atada a los próximos resultados deportivos. La estrategia es descomprimir hasta que soplen vientos más benignos y las enfurecidas hordas calmen su sed de sangre. Mientras tanto, los laderos tratarán de estirar las definiciones lo máximo posible. Algo está muy claro, las sanguijuelas seguirán chupando la sangre de su víctima hasta el último aliento. Si la cosa se pone muy pesada, se atrincherarán en sus puestos, confiados en que la lentitud y los vericuetos de la justicia les tenderán una mano. Las mil y una formas de resistir a la presión ya están puestas en marcha.
Para esperar algún tipo de efecto positivo habrá que armarse de paciencia. Los que viven de la institución no tienen nada más que hacer que cuidar la fuente de su bienestar, mientras que la masa societaria comprometida con la realidad puede desgastarse fácilmente. La idea de dilatar respuestas apostando a que los autoconvocados se cansen de reclamar, a que en cada llamamiento el número de asistentes disminuya, es la primera que aparece en el manual de resistencia de los infames. Otra arista estará dada por una supuesta apertura, que consistirá en tirarle la pelota al líder de la oposición y demás cabezas de agrupaciones menores para terminar, en caso de no acordar, responsabilizándolos por la falta de voluntad para sacar de la coyuntura a la centenaria entidad. Una maña demasiado conocida.
Para hacer tronar el escarmiento hace falta empuñar el estatuto, única munición temida por quienes, paradójicamente, se han cansado de violarlo. Seguir los pasos que indica la biblia de los verdaderos dueños del club, iniciativa difícil de concretar considerando la falta de disposición que suele demostrar el socio activo cuando de poner la cara se trata, no quita que un hecho extraordinario pueda suceder y dar vuelta la historia. Si quedara algún miembro de comisión directiva con una pizca de vergüenza -testigo del latrocinio y que haya callado por lealtad a ciertos personajes-, debería presentar la renuncia para propiciar la acefalía y el consecuente llamado a elecciones. Tal vez, pensando en no quedar pegados a posibles delitos, unos cuantos decidan dejar solos a los pocos que en nombre de intereses espurios hoy la juegan de víctimas.
APOSTILLAS
Meditación trascendental. En ejercicio de un reposo obligado en su confortable residencia, el excelentísimo señor presidente, hoy autolicenciado, está pensando en cómo congraciarse con el don para que no lo desampare en estos momentos aciagos. No quiere volver a la chatita y a vivir de prestado ahora que conoció las mieles de la opulencia. ¡Deschavate farabute, no naciste pa' cafishio!
Blanco móvil. Mientras el impresentable vice, haciéndose el oso respecto de los manejos dirigenciales, disfruta de calentar el sillón que leal y pacientemente esperó durante años, la investigación judicial que puede cortarle el sueño de golpe sigue su curso. Por lo pronto, la noticia ya traspasó fronteras y fue tema de picante artículo en diario deportivo de distribución nacional. ¡Si soy un delincuente, que me perdone dios!
Letra de tablón. Si lo que pasó en el primer tiempo le dio por las pelotas va a tener que acostumbrarse. Con el equipo que armó, difícil revertir la imagen instalada. Por más que insista con que los pibes ya no son pibes, está visto que les falta capacidad y espalda para enfrentar el momento. Especular con que la efervescencia juvenil va a suplir otras carencias es no conocer el paño. ¡El que con chicos se acuesta, amanece bien... resfriao!
Olor a cala. El chupalerche primero está desesperado. No soporta la idea de perder las prebendas que elevaron exponencialmente su nivel de vida y en especial la posibilidad de seguir acumulando millas de la mano del primer mandatario. Apelar al lloriqueo de otros que están en su misma situación es una táctica pueril que no va a dar resultado. Ya no quedan abombados. ¡Exhalaron notas tristes los gangosos bandoneones!
Para esperar algún tipo de efecto positivo habrá que armarse de paciencia. Los que viven de la institución no tienen nada más que hacer que cuidar la fuente de su bienestar, mientras que la masa societaria comprometida con la realidad puede desgastarse fácilmente. La idea de dilatar respuestas apostando a que los autoconvocados se cansen de reclamar, a que en cada llamamiento el número de asistentes disminuya, es la primera que aparece en el manual de resistencia de los infames. Otra arista estará dada por una supuesta apertura, que consistirá en tirarle la pelota al líder de la oposición y demás cabezas de agrupaciones menores para terminar, en caso de no acordar, responsabilizándolos por la falta de voluntad para sacar de la coyuntura a la centenaria entidad. Una maña demasiado conocida.
Para hacer tronar el escarmiento hace falta empuñar el estatuto, única munición temida por quienes, paradójicamente, se han cansado de violarlo. Seguir los pasos que indica la biblia de los verdaderos dueños del club, iniciativa difícil de concretar considerando la falta de disposición que suele demostrar el socio activo cuando de poner la cara se trata, no quita que un hecho extraordinario pueda suceder y dar vuelta la historia. Si quedara algún miembro de comisión directiva con una pizca de vergüenza -testigo del latrocinio y que haya callado por lealtad a ciertos personajes-, debería presentar la renuncia para propiciar la acefalía y el consecuente llamado a elecciones. Tal vez, pensando en no quedar pegados a posibles delitos, unos cuantos decidan dejar solos a los pocos que en nombre de intereses espurios hoy la juegan de víctimas.
APOSTILLAS
Meditación trascendental. En ejercicio de un reposo obligado en su confortable residencia, el excelentísimo señor presidente, hoy autolicenciado, está pensando en cómo congraciarse con el don para que no lo desampare en estos momentos aciagos. No quiere volver a la chatita y a vivir de prestado ahora que conoció las mieles de la opulencia. ¡Deschavate farabute, no naciste pa' cafishio!
Blanco móvil. Mientras el impresentable vice, haciéndose el oso respecto de los manejos dirigenciales, disfruta de calentar el sillón que leal y pacientemente esperó durante años, la investigación judicial que puede cortarle el sueño de golpe sigue su curso. Por lo pronto, la noticia ya traspasó fronteras y fue tema de picante artículo en diario deportivo de distribución nacional. ¡Si soy un delincuente, que me perdone dios!
Letra de tablón. Si lo que pasó en el primer tiempo le dio por las pelotas va a tener que acostumbrarse. Con el equipo que armó, difícil revertir la imagen instalada. Por más que insista con que los pibes ya no son pibes, está visto que les falta capacidad y espalda para enfrentar el momento. Especular con que la efervescencia juvenil va a suplir otras carencias es no conocer el paño. ¡El que con chicos se acuesta, amanece bien... resfriao!
Olor a cala. El chupalerche primero está desesperado. No soporta la idea de perder las prebendas que elevaron exponencialmente su nivel de vida y en especial la posibilidad de seguir acumulando millas de la mano del primer mandatario. Apelar al lloriqueo de otros que están en su misma situación es una táctica pueril que no va a dar resultado. Ya no quedan abombados. ¡Exhalaron notas tristes los gangosos bandoneones!
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