Demoró siete años, cinco meses y siete días, pero finalmente la tapa de la olla saltó y nada ni nadie pudo impedir que el olor nauseabundo impregnara los rincones dejando a muchos en estado de shock. La previa del partido se tiñó de negro cuando lo que empezó como un rumor terminó siendo confirmado oficialmente. Quita de seis puntos por una antigua deuda de seis cientos mil verdes. Cuestión desmentida hace apenas unos días, considerada como una difamación por quien hoy está más escondido que nunca, y que paradógicamente puede disparar masivas renuncias. Los que se reacomodaron y vieron la posibilidad de subir un par de escalones, después de semejante noticia, anticiparon que no tienen la más mínima intención de hacerse cargo de culpas ajenas. Una cosa es compartir privilegios y otra quedar pegados a la vergüenza de haber hundido en el fango a la centenaria institución.
Las reacciones tomaron caminos diferentes. Los que no comprenden la gravedad del asunto y que sólo piensan en el qué dirán, disfrutaron de ver a los pibes apremiando al puntero. Los que apañaron todos y cada uno de los chanchullos, empezaron a elucubrar diferentes maneras de salir del atolladero con la menor cantidad de heridas posible. Los que se comprometieron desde que se precipitó la hecatombe y salieron a agitar las banderas de la dignidad, sufrieron en carne viva la mala nueva y ya evalúan con indignación lo que podría acontecer de cara al futuro. Los que la vieron venir, y se jugaron por denunciar a pesar de críticas y acusaciones, respiraron aliviados, con la conciencia tranquila, convencidos de que inclusive cuando fueron vilipendiados, no estuvieron errados al remar contra la corriente. Los pocos que siempre cuestionaron con conocimiento de causa, no ocultaron la satisfacción de haber sido los únicos que nunca se callaron y advirtieron lo que hoy parece irreversible.
Queda por ver quién se hará cargo de los despojos. Si resisten las sanguijuelas que propiciaron este presente o si, ante la imposibilidad de seguir ocultando los desaguisados, dispararán como cobardes dejando el barco a la deriva para que otros se hagan cargo. Al parecer, la increíble novedad es sólo la primera de unas cuantas que irán saliendo a la luz a medida que transcurran las horas. En este duro trance habrá que tener en cuenta, también, la parte que le corresponde a los cómplices. Los que operaron desde adentro, disfrazados de glorias del pasado, y los que lo hicieron desde afuera, enfundados en ropajes de parodistas rastreros. Los que ayudaron a tapar el monumental desmanejo a sabiendas, partícipes necesarios de las innumerables fechorías cometidas, a cambio de beneficios en efectivo o en especie. A esta altura, no hay ingenuidad que valga. Ni siquiera de parte de la afición aplaudidora que tendrá que hacer su propio examen de conciencia.
APOSTILLAS
Sobran pelotas. Puede descansar tranquilo el excelentísimo señor presidente, hoy autolicenciado. Al fin se cumplió su promesa de posicionar a la entidad en los primeros planos de la consideración nacional. A raíz de la quita de puntos copó la tapa de todos los medios. Aunque algunos serviles anuncien por lo bajo su retorno en quince días, después de las últimas novedades, difícil ver asomar su resembrada cabellera por los lugares que solía frecuentar. Falta hombría de bien.
Sólo sé que no sé nada. En una parodia de conferencia de prensa, el impresentable vice confirmó lo que hasta ese momento era un secreto a voces. Su supina ignorancia no se circunscribe solamente a una cuestión de educación. Para zafar momentáneamente, secundado por una galería de antológicas caripelas, apeló a la estrategia del no sabe, no contesta. Ni la convocatoria para tirarle la manga a los socios pudientes, ni los llamados a históricos dirigentes. Cuenta regresiva.
Dieta obligada. Consumido por la falta de efectivo, el artillero venido a menos, salió a desparramar excremento para todos lados. Aparte de pegarle al que desde marzo le tira papelitos incobrables, y dejar aclarado que hoy por hoy no tiene un mango ni para ir al super, le dio para que tenga y guarde al conductor envalentonado. Lo trató de mala persona mientras que el aludido le contestó que los trapos sucios se lavan en casa. Algunos cráneos todavía no entendieron nada. Capacidades cognitivas disminuidas.
Bellos durmientes. El parodismo vernáculo, que quedó fuera del reparto de subsidios, está cabrero. "Nosotros fuimos engañados burdamente", regurgitó el maestro en medio de su devaluada diatriba contra la dirigencia. El que cada vez que opina pide perdón por temor a herir susceptibilidades olvida que un subordinado suyo admitió públicamente, hace un tiempo, callar muchas cosas. Si en reunión de producción no evaluaran autocensurarse por conveniencias varias, a lo mejor serían más creíbles. El oficio en estado de coma.
lunes, noviembre 04, 2013
miércoles, octubre 30, 2013
Pescado rabioso
Ni las masivas concentraciones, ni los pedidos de renuncia. Una nueva derrota precipitó los acontecimientos. Sin embargo, a nadie escapa que la solicitud de licencia por tiempo indeterminado viene atada a los próximos resultados deportivos. La estrategia es descomprimir hasta que soplen vientos más benignos y las enfurecidas hordas calmen su sed de sangre. Mientras tanto, los laderos tratarán de estirar las definiciones lo máximo posible. Algo está muy claro, las sanguijuelas seguirán chupando la sangre de su víctima hasta el último aliento. Si la cosa se pone muy pesada, se atrincherarán en sus puestos, confiados en que la lentitud y los vericuetos de la justicia les tenderán una mano. Las mil y una formas de resistir a la presión ya están puestas en marcha.
Para esperar algún tipo de efecto positivo habrá que armarse de paciencia. Los que viven de la institución no tienen nada más que hacer que cuidar la fuente de su bienestar, mientras que la masa societaria comprometida con la realidad puede desgastarse fácilmente. La idea de dilatar respuestas apostando a que los autoconvocados se cansen de reclamar, a que en cada llamamiento el número de asistentes disminuya, es la primera que aparece en el manual de resistencia de los infames. Otra arista estará dada por una supuesta apertura, que consistirá en tirarle la pelota al líder de la oposición y demás cabezas de agrupaciones menores para terminar, en caso de no acordar, responsabilizándolos por la falta de voluntad para sacar de la coyuntura a la centenaria entidad. Una maña demasiado conocida.
Para hacer tronar el escarmiento hace falta empuñar el estatuto, única munición temida por quienes, paradójicamente, se han cansado de violarlo. Seguir los pasos que indica la biblia de los verdaderos dueños del club, iniciativa difícil de concretar considerando la falta de disposición que suele demostrar el socio activo cuando de poner la cara se trata, no quita que un hecho extraordinario pueda suceder y dar vuelta la historia. Si quedara algún miembro de comisión directiva con una pizca de vergüenza -testigo del latrocinio y que haya callado por lealtad a ciertos personajes-, debería presentar la renuncia para propiciar la acefalía y el consecuente llamado a elecciones. Tal vez, pensando en no quedar pegados a posibles delitos, unos cuantos decidan dejar solos a los pocos que en nombre de intereses espurios hoy la juegan de víctimas.
APOSTILLAS
Meditación trascendental. En ejercicio de un reposo obligado en su confortable residencia, el excelentísimo señor presidente, hoy autolicenciado, está pensando en cómo congraciarse con el don para que no lo desampare en estos momentos aciagos. No quiere volver a la chatita y a vivir de prestado ahora que conoció las mieles de la opulencia. ¡Deschavate farabute, no naciste pa' cafishio!
Blanco móvil. Mientras el impresentable vice, haciéndose el oso respecto de los manejos dirigenciales, disfruta de calentar el sillón que leal y pacientemente esperó durante años, la investigación judicial que puede cortarle el sueño de golpe sigue su curso. Por lo pronto, la noticia ya traspasó fronteras y fue tema de picante artículo en diario deportivo de distribución nacional. ¡Si soy un delincuente, que me perdone dios!
Letra de tablón. Si lo que pasó en el primer tiempo le dio por las pelotas va a tener que acostumbrarse. Con el equipo que armó, difícil revertir la imagen instalada. Por más que insista con que los pibes ya no son pibes, está visto que les falta capacidad y espalda para enfrentar el momento. Especular con que la efervescencia juvenil va a suplir otras carencias es no conocer el paño. ¡El que con chicos se acuesta, amanece bien... resfriao!
Olor a cala. El chupalerche primero está desesperado. No soporta la idea de perder las prebendas que elevaron exponencialmente su nivel de vida y en especial la posibilidad de seguir acumulando millas de la mano del primer mandatario. Apelar al lloriqueo de otros que están en su misma situación es una táctica pueril que no va a dar resultado. Ya no quedan abombados. ¡Exhalaron notas tristes los gangosos bandoneones!
Para esperar algún tipo de efecto positivo habrá que armarse de paciencia. Los que viven de la institución no tienen nada más que hacer que cuidar la fuente de su bienestar, mientras que la masa societaria comprometida con la realidad puede desgastarse fácilmente. La idea de dilatar respuestas apostando a que los autoconvocados se cansen de reclamar, a que en cada llamamiento el número de asistentes disminuya, es la primera que aparece en el manual de resistencia de los infames. Otra arista estará dada por una supuesta apertura, que consistirá en tirarle la pelota al líder de la oposición y demás cabezas de agrupaciones menores para terminar, en caso de no acordar, responsabilizándolos por la falta de voluntad para sacar de la coyuntura a la centenaria entidad. Una maña demasiado conocida.
Para hacer tronar el escarmiento hace falta empuñar el estatuto, única munición temida por quienes, paradójicamente, se han cansado de violarlo. Seguir los pasos que indica la biblia de los verdaderos dueños del club, iniciativa difícil de concretar considerando la falta de disposición que suele demostrar el socio activo cuando de poner la cara se trata, no quita que un hecho extraordinario pueda suceder y dar vuelta la historia. Si quedara algún miembro de comisión directiva con una pizca de vergüenza -testigo del latrocinio y que haya callado por lealtad a ciertos personajes-, debería presentar la renuncia para propiciar la acefalía y el consecuente llamado a elecciones. Tal vez, pensando en no quedar pegados a posibles delitos, unos cuantos decidan dejar solos a los pocos que en nombre de intereses espurios hoy la juegan de víctimas.
APOSTILLAS
Meditación trascendental. En ejercicio de un reposo obligado en su confortable residencia, el excelentísimo señor presidente, hoy autolicenciado, está pensando en cómo congraciarse con el don para que no lo desampare en estos momentos aciagos. No quiere volver a la chatita y a vivir de prestado ahora que conoció las mieles de la opulencia. ¡Deschavate farabute, no naciste pa' cafishio!
Blanco móvil. Mientras el impresentable vice, haciéndose el oso respecto de los manejos dirigenciales, disfruta de calentar el sillón que leal y pacientemente esperó durante años, la investigación judicial que puede cortarle el sueño de golpe sigue su curso. Por lo pronto, la noticia ya traspasó fronteras y fue tema de picante artículo en diario deportivo de distribución nacional. ¡Si soy un delincuente, que me perdone dios!
Letra de tablón. Si lo que pasó en el primer tiempo le dio por las pelotas va a tener que acostumbrarse. Con el equipo que armó, difícil revertir la imagen instalada. Por más que insista con que los pibes ya no son pibes, está visto que les falta capacidad y espalda para enfrentar el momento. Especular con que la efervescencia juvenil va a suplir otras carencias es no conocer el paño. ¡El que con chicos se acuesta, amanece bien... resfriao!
Olor a cala. El chupalerche primero está desesperado. No soporta la idea de perder las prebendas que elevaron exponencialmente su nivel de vida y en especial la posibilidad de seguir acumulando millas de la mano del primer mandatario. Apelar al lloriqueo de otros que están en su misma situación es una táctica pueril que no va a dar resultado. Ya no quedan abombados. ¡Exhalaron notas tristes los gangosos bandoneones!
martes, octubre 22, 2013
Atrapado sin salida
Nadie debería sorprenderse. Este es el resultado de casi una década de imposturas, gustosamente deglutidas sin el más mínimo sentido crítico. Vivir de apariencias fue lindo mientras duró, ahora toca reconocer la desidia intelectual que le dio carta blanca a los hacedores de este triste presente. Tal y como presagiaba el derrotero de la falsa pertenencia, agotados los recursos económicos, el relato quedó entrampado en el cepo que le impuso la realidad. Un plantel macerado en el zumo de la mediocridad, un entrenador siempre listo para colaborar con el ocultamiento de la miseria enquistada en las venas institucionales y una dirigencia inepta a la que se le descubrió, de pronto y toda junta, la mugrosa basura que intentó ocultar durante años bajo la alfombra.
Son muchos los responsables, son muchos los cómplices, son muchos los afectados. Destapada buena parte de la purulencia, el dilema que se presenta tiene el rostro de la incertidumbre. ¿Cuánto queda por salir a la luz? ¿Cuán dañino es el perjuicio? ¿Hasta dónde son capaces de llegar? ¿Qué posibilidades existen de revertir el estrago? ¿Y si la patología fuera terminal? Demasiadas preguntas para ninguna respuesta. Lo único concreto es que la mesa chica se encuentra atrapada en su propia telaraña. Algunos ingenuos piden apertura, olvidando un principio básico del derecho penal. Correr el velo del oscurantismo que hoy reina sobre los manejos de la gestión significaría declarar contra sí misma. Ninguno, partícipe directo o indirecto, está dispuesto a inmolarse a lo bonzo.
Confiados en la costumbrista pasividad de la masa societaria, los cráneos que están hundiendo a la centenaria asociación sin fines de lucro, seguirán aferrados a la anodina expresión que ha sido su precepto de cabecera desde que desembarcaron en el terreno de lo posible sin control. Apostar a un golpe de suerte que disuelva el malestar reinante y por ende cualquier intento de interferencia no deseada. Si durante tanto tiempo supieron gambetear cada uno de los embates que, por todos los medios posibles, emprendió en soledad la oposición en defensa de los intereses de la entidad, está claro que sólo un certero camino al descenso es capaz de empujarlos a la huida sin retorno. Así como sabiamente suele describirlo el acervo popular.
APOSTILLAS
Estado irreversible. Mientras siguen apareciendo pústulas de podredumbre por todos lados, el excelentísmo señor presidente no para. Hace acto de presencia en un entrenamiento pero se pierde los saludos el día de partido. Viaja a suplicarle un mango al don en nombre de la obsecuencia y recorre los pasillos de tribunales en calidad de procesado. ¡Ojo con el bobo!
Hasta las manos. Dicen las malas lenguas que la justicia cachó en paños menores al impresentable vice y ahora le está haciendo marcación hombre a hombre. Conocida es su predilección por las callejuelas de los bajos fondos y no precisamente para catequizar a ovejitas descarriadas. Lo de alma caritativa no se lo cree nadie. Las malas compañías pueden llevarlo a la perdición.
Primeras armas. Una cosa es la actuación para el under y otra es dar la cara ante el gran público. Lo que no quiso hacer el conductor envalentonado lo hizo un purrete por amor a la camiseta. Con hidalguía enfrentó a las cámaras y se cargó al hombro la responsabilidad de explicar la derrota. El profesionalismo no es un disfraz impuesto pero por algo se empieza. No todo está perdido.
Camisa de fuerza. El chupalerche primero también está para la internación. Primero no entendía cómo, si la barra estaba paga, cantaba en contra del primer mandatario; días después, reconoció que la banda que anima la fiestita "anteriormente adepta o afín, ahora se le dio vuelta" por razones económicas. Prestarle atención cuando habla es un trabajo insalubre. Leerlo, la muerte segura.
Son muchos los responsables, son muchos los cómplices, son muchos los afectados. Destapada buena parte de la purulencia, el dilema que se presenta tiene el rostro de la incertidumbre. ¿Cuánto queda por salir a la luz? ¿Cuán dañino es el perjuicio? ¿Hasta dónde son capaces de llegar? ¿Qué posibilidades existen de revertir el estrago? ¿Y si la patología fuera terminal? Demasiadas preguntas para ninguna respuesta. Lo único concreto es que la mesa chica se encuentra atrapada en su propia telaraña. Algunos ingenuos piden apertura, olvidando un principio básico del derecho penal. Correr el velo del oscurantismo que hoy reina sobre los manejos de la gestión significaría declarar contra sí misma. Ninguno, partícipe directo o indirecto, está dispuesto a inmolarse a lo bonzo.
Confiados en la costumbrista pasividad de la masa societaria, los cráneos que están hundiendo a la centenaria asociación sin fines de lucro, seguirán aferrados a la anodina expresión que ha sido su precepto de cabecera desde que desembarcaron en el terreno de lo posible sin control. Apostar a un golpe de suerte que disuelva el malestar reinante y por ende cualquier intento de interferencia no deseada. Si durante tanto tiempo supieron gambetear cada uno de los embates que, por todos los medios posibles, emprendió en soledad la oposición en defensa de los intereses de la entidad, está claro que sólo un certero camino al descenso es capaz de empujarlos a la huida sin retorno. Así como sabiamente suele describirlo el acervo popular.
APOSTILLAS
Estado irreversible. Mientras siguen apareciendo pústulas de podredumbre por todos lados, el excelentísmo señor presidente no para. Hace acto de presencia en un entrenamiento pero se pierde los saludos el día de partido. Viaja a suplicarle un mango al don en nombre de la obsecuencia y recorre los pasillos de tribunales en calidad de procesado. ¡Ojo con el bobo!
Hasta las manos. Dicen las malas lenguas que la justicia cachó en paños menores al impresentable vice y ahora le está haciendo marcación hombre a hombre. Conocida es su predilección por las callejuelas de los bajos fondos y no precisamente para catequizar a ovejitas descarriadas. Lo de alma caritativa no se lo cree nadie. Las malas compañías pueden llevarlo a la perdición.
Primeras armas. Una cosa es la actuación para el under y otra es dar la cara ante el gran público. Lo que no quiso hacer el conductor envalentonado lo hizo un purrete por amor a la camiseta. Con hidalguía enfrentó a las cámaras y se cargó al hombro la responsabilidad de explicar la derrota. El profesionalismo no es un disfraz impuesto pero por algo se empieza. No todo está perdido.
Camisa de fuerza. El chupalerche primero también está para la internación. Primero no entendía cómo, si la barra estaba paga, cantaba en contra del primer mandatario; días después, reconoció que la banda que anima la fiestita "anteriormente adepta o afín, ahora se le dio vuelta" por razones económicas. Prestarle atención cuando habla es un trabajo insalubre. Leerlo, la muerte segura.
miércoles, octubre 16, 2013
A la guerra en pañales
La afición pedía a los pibes y el conductor de la casa le dio el gusto. No por convicción, sino por descarte. Una intención que la dirigencia venía madurando hace tiempo. Hacerse eco de la voz popular puede ser la mejor coartada en caso de fatalidad. De paso, si sale bien, podrá agitar la bandera de la revolución; si sale mal, se habrá perdido la guerra pero bajo el arrullo de la pertenencia. Tirar a la cancha a la purretada resulta un arma de doble filo, especialmente para quienes se han llenado la boca hablando del trabajo en inferiores. El riesgo de dejar en evidencia la mentira del relato, con una banda más de jóvenes no aptos para la alta competencia, es demasiado alto y comprometería la continuidad de la gestión.
Para hacer pie en el profesionalismo no sólo hay que tener una excelente relación con la pelota, también hace falta pensar, requisito indispensable del que adolecen las camadas menores y que los formadores no han sabido enseñar en la teoría, ni transmitir en la práctica. Prototipos de potrero, abundan; inteligencia para justificar un lugar entre titulares de primera división, no tanto. El voluntarismo es una cosa, la capacidad otra muy distinta. En el empate que, al decir de los mediocres, por lo menos cortó una racha negativa, se vio un exceso de individualismo, demasiadas ganas de demostrar, y ninguna idea en favor del juego asociado. La imperiosa necesidad de sobresalir también es una mala consejera.
Párrafo aparte para quien supo desertar, abrumado por las vicisitudes del cargo. Hoy vuelve recargado de cháchara en oferta y salpicado por una impronta perimida. La relación de confianza con los medios no va a salvarlo del golpe si no cambia rápidamente la imagen que dejó la última vez que intentó interpretar un papel demasiado grande para su medida. Dice saber a qué se enfrenta, dice tener la confianza necesaria, dice conocer el paño y las fichas, dice estar seguro del sistema y las variantes, dice lo que las gradas quieren escuchar. Así las cosas, una pregunta se hace inevitable. ¿Qué pasaría si el manotazo de ahogado no alcanza para sobrevivir en las tumultuosas aguas de la categoría?
APOSTILLAS
Pongui pongui. Que las incorporaciones no hayan rendido lo esperado no le quita el sueño al excelentísimo señor presidente, total cada una ya hizo el aporte correspondiente a la causa instantes antes de estampar la firma. Lo que sí lo tiene un tanto alterado es la falta de fondos disponibles y las deudas acumuladas. La convalecencia le viene de perillas para tirarle la manga al don. Pronóstico reservado.
Noche de brujas. Los cráneos que se autoeligieron para formar la subcomisión de fútbol sólo buscaron apagar el incendio con demagogia en estado puro. Ni ellos creen que vayan a tomar alguna decisión más allá de lo que permita quien realmente corta el bacalao, que bien se aseguró de rodearse de sanguijuelas con pocas luces para que no le hagan sombra, llegado el caso. Hombre precavido vale por dos.
Asalto en masa. Un conglomerado opositor pretende meterle presión a la falsa pertenencia. Pedidos de asambleas por aquí y por allá, advertencias varias, gasto de energía al divino petardo. La gestión ya avisó que no dará un solo paso contra sí misma. Para sacar la basura escondida debajo de la alfombra hace falta el masivo apoyo de los socios, todavía poco convencidos del peligro inminente. La comodidad es más fuerte.
Asesino serial. El chupalerche primero se cobró otra víctima. Fiel a su costumbre, apuñaló por la espalda a un indefenso. Esta vez le tocó el turno al ex gerente técnico, a quien responsabilizó por la última capitulación del entrenador reincidente. "Después que no venga a decir que no le daban pelota", fulminó con un dejo de animosidad. Lástima que no lo dijo en su momento. Hoy un juramento, mañana una traición.
Para hacer pie en el profesionalismo no sólo hay que tener una excelente relación con la pelota, también hace falta pensar, requisito indispensable del que adolecen las camadas menores y que los formadores no han sabido enseñar en la teoría, ni transmitir en la práctica. Prototipos de potrero, abundan; inteligencia para justificar un lugar entre titulares de primera división, no tanto. El voluntarismo es una cosa, la capacidad otra muy distinta. En el empate que, al decir de los mediocres, por lo menos cortó una racha negativa, se vio un exceso de individualismo, demasiadas ganas de demostrar, y ninguna idea en favor del juego asociado. La imperiosa necesidad de sobresalir también es una mala consejera.
Párrafo aparte para quien supo desertar, abrumado por las vicisitudes del cargo. Hoy vuelve recargado de cháchara en oferta y salpicado por una impronta perimida. La relación de confianza con los medios no va a salvarlo del golpe si no cambia rápidamente la imagen que dejó la última vez que intentó interpretar un papel demasiado grande para su medida. Dice saber a qué se enfrenta, dice tener la confianza necesaria, dice conocer el paño y las fichas, dice estar seguro del sistema y las variantes, dice lo que las gradas quieren escuchar. Así las cosas, una pregunta se hace inevitable. ¿Qué pasaría si el manotazo de ahogado no alcanza para sobrevivir en las tumultuosas aguas de la categoría?
APOSTILLAS
Pongui pongui. Que las incorporaciones no hayan rendido lo esperado no le quita el sueño al excelentísimo señor presidente, total cada una ya hizo el aporte correspondiente a la causa instantes antes de estampar la firma. Lo que sí lo tiene un tanto alterado es la falta de fondos disponibles y las deudas acumuladas. La convalecencia le viene de perillas para tirarle la manga al don. Pronóstico reservado.
Noche de brujas. Los cráneos que se autoeligieron para formar la subcomisión de fútbol sólo buscaron apagar el incendio con demagogia en estado puro. Ni ellos creen que vayan a tomar alguna decisión más allá de lo que permita quien realmente corta el bacalao, que bien se aseguró de rodearse de sanguijuelas con pocas luces para que no le hagan sombra, llegado el caso. Hombre precavido vale por dos.
Asalto en masa. Un conglomerado opositor pretende meterle presión a la falsa pertenencia. Pedidos de asambleas por aquí y por allá, advertencias varias, gasto de energía al divino petardo. La gestión ya avisó que no dará un solo paso contra sí misma. Para sacar la basura escondida debajo de la alfombra hace falta el masivo apoyo de los socios, todavía poco convencidos del peligro inminente. La comodidad es más fuerte.
Asesino serial. El chupalerche primero se cobró otra víctima. Fiel a su costumbre, apuñaló por la espalda a un indefenso. Esta vez le tocó el turno al ex gerente técnico, a quien responsabilizó por la última capitulación del entrenador reincidente. "Después que no venga a decir que no le daban pelota", fulminó con un dejo de animosidad. Lástima que no lo dijo en su momento. Hoy un juramento, mañana una traición.
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