La pregunta encontró eco demasiado pronto. ¿Es más de lo mismo o es peor? La afición está que arde porque lo demostrado hasta el momento parece abrirle camino al sufrimiento sin escalas. Los malos ejemplos sobran y los espejos reflejan demasiadas similitudes. Si bien no es la primera vez que un comienzo arranca pálido y sombrío, la acumulación de fracasos y la intensa sensación de frustración actúan como potenciador de las predicciones más truculentas. En esta ocasión ni siquiera sirve como paliativo aferrarse a la pueril costumbre de aventurar las mil y una combinaciones para dar con la formación que devuelva las expectativas a su lugar. Hoy la mayoría de las predicciones se juegan por un futuro teñido de negro.
Desde que comenzó el armado del nuevo ciclo todo fue reproche y disconformidad. Un entrenador condicionado por sus antecedentes, unas incorporaciones de mediocres hacia abajo, una pretemporada lindante con la indigencia, partidos preparatorios contra equipos de inferior categoría y resultados preocupantes. Para completarla, los pocos valores que lograron destacarse en el semestre pasado no fueron tentados con la continuidad por razones que ligan estrechamente a la ineptitud dirigencial con la falta de recursos, producto de un vaciamiento lento pero sostenido del capital institucional. El panorama no es alentador. Ni siquiera los tradicionales optimistas pueden sostener su incondicionalidad a la luz de los resultados.
Con unos cuantos días para poner al trabajo en el pedestal de las prioridades, los protagonistas enfrentan la encrucijada de revertir las opiniones negativas que, con confusión y displicencia, supieron cosechar. Dentro del farragoso terreno de la perplejidad, el entrenador deberá enderezar una historia que no sólo empezó torcida sino que también, de continuar sin los debidos e imprescindibles cambios, puede desembocar en un futuro comprometido. Las voces de alarma se dispararon, tanto como para alertar acerca de consecuencias desagradables que nadie tiene intención de afrontar. En tela de juicio estará el desempeño y la capacidad del conductor y la aptitud del plantel de cara al futuro inmediato. No hay lugar para titubeos o marchas y contramarchas. El tribunal está impaciente.
APOSTILLAS
Transmisión de pensamiento. Mientras el excelentísimo señor presidente recorre tribunales y gambetea rumores de negociados espurios, el pasquinejo vernáculo se encarga de darle una mano de blanqueador a la realidad. El moderno e inútil sistema de ingreso a los estadios debutará en terreno rojinegro. Según el parodismo rastrero, un orgullo que reemplaza a otros logros.
El muro de los lamentos. Evitó caerle al hombre de negro, tal vez pensando en la fecha anterior, y fue sincero a la hora del balance. "El equipo jugó mal", argumentó abriéndose paso entre los buitres que buscaban su opinión. Sonó a crítica feroz una vez consumado el vergonzoso espectáculo. Preocupado, avisó que se vienen cambios. Si la fórmula no funciona, hay que buscarle la vuelta.
Como anillo al dedo. La estrategia es conocida y está muy trillada. Para no quemar a algunos elementos que no son del agrado del conductor de turno, la excusa de una lesión siempre viene de perillas. Resulta lógico darle prioridad al que trae consigo un curriculum más o menos pasable pero a la hora de los bifes sólo vale el que transpira la camiseta. Otro suculento contrato al banco de relevos.
Alta traición. Después de borrar con el codo lo que escribió con la mano, el goleador histórico tiró una sentencia para la posteridad. "Mi historia con Colón ya terminó", dijo al ser consultado por el servilismo consuetudinario respecto de su vuelta al ruedo. Eludió enumerar las razones de su reincidencia, para quienes lo conocen no hizo falta. En el exterior hay verdes, en suelo criollo hay cepo.
sábado, agosto 10, 2013
martes, agosto 06, 2013
Cenizas al viento
No hay comienzo que consiga eludir al optimismo. El efecto de la abstinencia es tan devastador que una andanada de confianza se dispara y multiplica aunque la realidad implore una buena dosis de mesura. Bajo los efectos de una pretemporada escuálida por donde se la mire, la primera experiencia dejó un tendal de dudas y, a pesar de que las expectativas intentaron poner paños fríos, le abrió la puerta a una conocida sentencia que asomó tímida pero contundente. Más de lo mismo, se escuchó por lo bajo en medio de los murmullos que dominaron la escena una vez consumados los hechos. La experiencia acumulada sirve para emitir dictamen antes de que las justificaciones de ocasión empiecen a cobrar protagonismo.
Cerrado el capítulo inicial, el fútbol sigue siendo la única víctima. Los retoques no alcanzaron para cambiarle la cara a un equipo cuya base está perimida. ¿Cuánto más pueden dar quienes terminaron el semestre pasado con un pie afuera? Los que dijeron abiertamente que su ciclo estaba terminado o los que apostaban a una transferencia para engrosar sus cuentas bancarias, a raíz de la desnudez de ofertas, quedaron anclados a la espera de mejores vientos muy a su pesar. Habrá que ver si a unos y otros les quedó algún resto para seguir batallando bajo la misma bandera o si los recién llegados consiguen contagiar los nuevos bríos que siempre acompañan hasta dilucidar de qué va la cosa y definir intereses.
Por el momento, la distracción pasa por armar la mejor combinación. Sale uno, entra otro; el movimiento de piezas mantiene entretenida a la afición mientras el flamante conductor intenta trazar un diseño decente. Cinco fechas piden los entendidos para sacar conclusiones y así condenar o extender el crédito. Muy poco considerando el mejunje de nombres y las posibilidades que brindan. Demasiado si se toma en cuenta la preparación previa y la extensión del torneo. Armonizar capacidad de un lado y predisposición -ya no jerarquía- del otro en poco tiempo puede resultar una tarea complicada. No hay margen de error si el objetivo es permanecer, manteniendo viva la ilusión de la exigencia.
APOSTILLAS
De eso sí se habla. Dicen las malas lenguas que el porcentaje para el excelentísimo señor presidente está considerado de antemano a la hora de acercar refuerzos. No existe oído que escuche ofertas ni silla para cerrar negociación si no está contemplado el billete correspondiente. Es que ya lo dijo bien clarito, no trabaja, vive del club, una posibilidad que pueden darse sólo los dirigentes.
De eso no se habla. El impresentable vice anduvo tratando de explicar las contrataciones a quien quisiera ofrecerle el micrófono. Todos préstamos, por supuesto, y ningún elemento de categoría ya que en la institución no hay un cobre partido al medio para comprar absolutamente nada. Vino al pelete entonces la justificación, el hambre de gloria es la excusa perfecta para disimular la mishiadura.
El costo del éxito. La reserva campeona se quedó sin el técnico campeón. No da el perfil, le comunicaron los sicarios del primer mandatario. La obtención de un título no figura en los lineamientos del proyecto y el hoy ex y sus dirigidos se salieron del molde. Desviarse de la forma de trabajo impuesta desde la ineptitud tiene sus consecuencias. La revolución está buena, los revolucionarios no, menos si son foráneos.
Terreno baldío. El liderazgo del gran capitán, ese que iba a dejar el fútbol con la camiseta de sus amores y ahora resulta que está facturando en el altiplano, parece imposible de reemplazar. Primero fue el ingrato guardameta que terminó huyendo por la puerta de atrás, ahora le tocó el turno a otro histórico que si no levanta el nivel tendrá los días contados en la formación titular. La arenga se va quedando huérfana.
Cerrado el capítulo inicial, el fútbol sigue siendo la única víctima. Los retoques no alcanzaron para cambiarle la cara a un equipo cuya base está perimida. ¿Cuánto más pueden dar quienes terminaron el semestre pasado con un pie afuera? Los que dijeron abiertamente que su ciclo estaba terminado o los que apostaban a una transferencia para engrosar sus cuentas bancarias, a raíz de la desnudez de ofertas, quedaron anclados a la espera de mejores vientos muy a su pesar. Habrá que ver si a unos y otros les quedó algún resto para seguir batallando bajo la misma bandera o si los recién llegados consiguen contagiar los nuevos bríos que siempre acompañan hasta dilucidar de qué va la cosa y definir intereses.
Por el momento, la distracción pasa por armar la mejor combinación. Sale uno, entra otro; el movimiento de piezas mantiene entretenida a la afición mientras el flamante conductor intenta trazar un diseño decente. Cinco fechas piden los entendidos para sacar conclusiones y así condenar o extender el crédito. Muy poco considerando el mejunje de nombres y las posibilidades que brindan. Demasiado si se toma en cuenta la preparación previa y la extensión del torneo. Armonizar capacidad de un lado y predisposición -ya no jerarquía- del otro en poco tiempo puede resultar una tarea complicada. No hay margen de error si el objetivo es permanecer, manteniendo viva la ilusión de la exigencia.
APOSTILLAS
De eso sí se habla. Dicen las malas lenguas que el porcentaje para el excelentísimo señor presidente está considerado de antemano a la hora de acercar refuerzos. No existe oído que escuche ofertas ni silla para cerrar negociación si no está contemplado el billete correspondiente. Es que ya lo dijo bien clarito, no trabaja, vive del club, una posibilidad que pueden darse sólo los dirigentes.
De eso no se habla. El impresentable vice anduvo tratando de explicar las contrataciones a quien quisiera ofrecerle el micrófono. Todos préstamos, por supuesto, y ningún elemento de categoría ya que en la institución no hay un cobre partido al medio para comprar absolutamente nada. Vino al pelete entonces la justificación, el hambre de gloria es la excusa perfecta para disimular la mishiadura.
El costo del éxito. La reserva campeona se quedó sin el técnico campeón. No da el perfil, le comunicaron los sicarios del primer mandatario. La obtención de un título no figura en los lineamientos del proyecto y el hoy ex y sus dirigidos se salieron del molde. Desviarse de la forma de trabajo impuesta desde la ineptitud tiene sus consecuencias. La revolución está buena, los revolucionarios no, menos si son foráneos.
Terreno baldío. El liderazgo del gran capitán, ese que iba a dejar el fútbol con la camiseta de sus amores y ahora resulta que está facturando en el altiplano, parece imposible de reemplazar. Primero fue el ingrato guardameta que terminó huyendo por la puerta de atrás, ahora le tocó el turno a otro histórico que si no levanta el nivel tendrá los días contados en la formación titular. La arenga se va quedando huérfana.
lunes, julio 29, 2013
Grotesco al cuadrado
Durante uno de los recesos más gélidos de los últimos tiempos, la gestión y su propaladora oficiosa quemaron las naves en un intento por calefaccionar el ambiente con un par de sainetes dignos de quedar en los oscuros anales de la institución. Duchos en el asunto -antecedentes los avalan- , armaron unas historietas de ficción increíbles para desviar la atención de la parcialidad, por un lado agotada de tantos fracasos y por otro en estado de shock por el puñado de incorporaciones que no despertó el interés esperado. Ni siquiera el regreso de un estropeado conocido, que primero provocó hilaridad y después desazón y bronca, consiguió levantar los alicaídos ánimos.
Para entender uno de los guiones habría que repasar la graciosa saga que pretendió imponer el pasquinejo vernáculo para elevar a la categoría de intriga en capítulos la supuesta llegada de un viejo lobo de mar con mucho pasado y poco presente. Resulta que primero vino a llenar la entidad de fútbol, después se hizo un paseíto por las instalaciones, más tarde se tomó el buque para consultar a la almohada y al final se acordó de que tenía otros compromisos. Eso sí, antes del adiós definitivo tiró unos elogios de ocasión parecidos a los espejitos de colores con que los dominadores solían contentar a los dominados. Al parodismo rastrero no se le da ni una. Esfuerzo al divino petardo.
El otro todavía puede tener consecuencias inesperadas. La animosidad con que se trató el tema del goleador sin opción resultó lamentable. No sólo por la inescrupulosa jugada que se mandó el excelentísimo señor presidente para poner a buen resguardo su osamenta y complicarle la vida al delantero, sino por la obscena connivencia de los serviles todo terreno que ofrecieron sus dotes para denostar al jugador desde los medios en los que hacen pie. Curiosamente regurgitaron todo lo que se callaron cuando la víctima en cuestión llegó a engrosar las filas rojinegras hace exactamente un año. La novedad de último momento es que la razón por la cual se distrajo la atención de la justicia parece haberse esfumado como la dignidad de unos cuantos.
Para entender uno de los guiones habría que repasar la graciosa saga que pretendió imponer el pasquinejo vernáculo para elevar a la categoría de intriga en capítulos la supuesta llegada de un viejo lobo de mar con mucho pasado y poco presente. Resulta que primero vino a llenar la entidad de fútbol, después se hizo un paseíto por las instalaciones, más tarde se tomó el buque para consultar a la almohada y al final se acordó de que tenía otros compromisos. Eso sí, antes del adiós definitivo tiró unos elogios de ocasión parecidos a los espejitos de colores con que los dominadores solían contentar a los dominados. Al parodismo rastrero no se le da ni una. Esfuerzo al divino petardo.
El otro todavía puede tener consecuencias inesperadas. La animosidad con que se trató el tema del goleador sin opción resultó lamentable. No sólo por la inescrupulosa jugada que se mandó el excelentísimo señor presidente para poner a buen resguardo su osamenta y complicarle la vida al delantero, sino por la obscena connivencia de los serviles todo terreno que ofrecieron sus dotes para denostar al jugador desde los medios en los que hacen pie. Curiosamente regurgitaron todo lo que se callaron cuando la víctima en cuestión llegó a engrosar las filas rojinegras hace exactamente un año. La novedad de último momento es que la razón por la cual se distrajo la atención de la justicia parece haberse esfumado como la dignidad de unos cuantos.
lunes, julio 08, 2013
A la luz de un farol
Pasó la escoba y el desfile de caras frescas, bien dispuestas a llenar las vacantes que dejó el octogésimo fracaso, sigue alimentando la maquinaria del borrón y cuenta nueva. El buzo de entrenador quedó en manos de un destacado portador del perfil predilecto de la gestión, experto en intrascendencia. Los soldados rasos recién incorporados, como corresponde, van a tono con el legajo profesional del flamante conductor. Dentro de la monotonía impuesta por la mediocridad abonada a la falsa pertenencia, la afición saca a relucir su máximo poder de confianza y le pone unas cuantas fichas a la novedad, venga de donde venga. Es la única forma legítima que encuentra de sacudir la modorra reinante, descendiente directa de las continuas frustraciones.
La aparición del despechado de turno, moneda corriente cada fin de temporada, le puso un toque de sazón al desteñido receso, producto de una economía deprimida a punto de internación. Haciendo público lo que muchos saben, instaló en primera plana la nefasta metodología llevada a cabo, con inepta insistencia, desde que la revolución de inferiores funcionó como eslogan caza bobos. Los procesos comienzan con la debida autonomía hasta que la realidad cachetea con fuerza; cuando el ocaso comienza a vislumbrarse en el horizonte, los purretes a la cancha funcionan como soporte de la sarasa y de paso, si a los planetas se les ocurre alinearse en tiempo y forma, hasta pueden resultar la encarnación potencial de una salvadora venta. Y así sucesivamente.
Por último, la monumental payasada que se pretendió disfrazar de política activa, con el primer mandatario pidiéndole a la justicia un ayuda memoria para recordar a quién ¿le pagó?, hace un año, el préstamo por un jugador imposible de retener. De sostén, el vocero oficioso en el papel de patético propalador a sueldo. Para completarla, con la intención de vestirse de ingenuo sorprendido en su buena fe, reflotó la oscura triangulación que en su momento no dudó en avalar para contar con los servicios del delantero. El goleador, responsable de salvar las papas de una campaña para el olvido y que pretende seguir su carrera en otro lado, agradecido. Si todo fuera cuestión de corporativismo, hace rato que el primer equipo estaría integrado sólo por amateurs.
La aparición del despechado de turno, moneda corriente cada fin de temporada, le puso un toque de sazón al desteñido receso, producto de una economía deprimida a punto de internación. Haciendo público lo que muchos saben, instaló en primera plana la nefasta metodología llevada a cabo, con inepta insistencia, desde que la revolución de inferiores funcionó como eslogan caza bobos. Los procesos comienzan con la debida autonomía hasta que la realidad cachetea con fuerza; cuando el ocaso comienza a vislumbrarse en el horizonte, los purretes a la cancha funcionan como soporte de la sarasa y de paso, si a los planetas se les ocurre alinearse en tiempo y forma, hasta pueden resultar la encarnación potencial de una salvadora venta. Y así sucesivamente.
Por último, la monumental payasada que se pretendió disfrazar de política activa, con el primer mandatario pidiéndole a la justicia un ayuda memoria para recordar a quién ¿le pagó?, hace un año, el préstamo por un jugador imposible de retener. De sostén, el vocero oficioso en el papel de patético propalador a sueldo. Para completarla, con la intención de vestirse de ingenuo sorprendido en su buena fe, reflotó la oscura triangulación que en su momento no dudó en avalar para contar con los servicios del delantero. El goleador, responsable de salvar las papas de una campaña para el olvido y que pretende seguir su carrera en otro lado, agradecido. Si todo fuera cuestión de corporativismo, hace rato que el primer equipo estaría integrado sólo por amateurs.
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