Como este torneo ya es cosa juzgada, y a nadie se le ocurriría pedir las explicaciones del caso, el tiempo de la dirigencia está a punto de largada bajo la atenta mirada de los desesperados por lo que vendrá. Hace falta una limpieza profunda, formar un plantel competitivo y salir en busca de un entrenador serio y con aspiraciones. Los antecedentes no auguran un cambio de dirección en quienes deben tomar decisiones y definir ambiciones. De todos modos, en el inicio, descuentan que contarán con las expectativas renovadas de la masa que apoya sin cuestionamientos de ninguna especie, tal y como se ha dado hasta el día de la fecha, a pesar de los sucesivos fracasos. Los replanteos, las autocríticas, seguirán siendo parte de una humildad inexistente; peligroso cuando lo que está en juego es la identidad de una institución centenaria.
Para el análisis quedan las palabras del entrenador una vez sentenciada la derrota. "Soy consciente de que estos cuatro partidos son importantes", señaló respecto de la continuidad. Sus propias limitaciones le están marcando un plazo. Y sin querer, sus dichos exponen la ineptitud del primer mandatario en cuanto a determinaciones futbolísticas. Vale recordar que hace pocos días, según publicó el pasquinejo vernáculo, en medio de una convocatoria patrocinada por el técnico, le pidió que comenzara a delinear la pretemporada venidera. Como si esto fuera poco, y prácticamente al unísono, el parodismo obsecuente, lanzó como primicia que el promovido ya tendría agendadas sus primeras incorporaciones. En el universo dominado por la de cuero, los papelones, así como resultan moneda corriente, pasan al olvido a velocidad luz.
APOSTILLAS