Un terrible dolor de cabeza para el excelentísimo señor presidente, quien apostaba a que la cháchara aguantara hasta fin de año. Considerando la ineptitud en materia futbolística de los cráneos dirigenciales, el sucesor, antes de asumir, tiene los días contados. El que acepte esta canoa a la deriva, tendrá que vérselas con los clavos que deja el mayorista de humaredas y, paralelamente, con los vicios que alentaron los jerarcas de este nuevo fracaso a través de un entramado de relaciones con visos de perpetuidad. La fachada del club modelo atraerá incautos a montones; sin embargo, una vez puesta a rodar la ruleta de la flamante etapa, el elegido se dará de bruces con una realidad incontrastable. ¿Cuánto tiempo se puede vivir rodeado de aromas nauseabundos.
El costado hilarante de la situación lo pondrán los rastreros chupalerches –hoy, aunque disimulando, retorciéndose en lo profundo–, machacando con lo exitoso (¿¡!?) del proceso y, ya sin la presencia de quién los iluminó, como nunca nadie antes, en materia futbolística, exaltando lo que queda y, en especial, elevando hasta la estratósfera la figura del primer mandatario con vistas a diciembre, jugados por mantener a salvo su propia quintita. Para quienes, dadas las circunstancias, lo menos importante es el nombre del substituto, la consigna pasará por abocarse a tirar dudosa info respecto del brillante futuro del “biondo gnocchi” como firme aspirante al sillón del don, a modo de pantalla mediática. A prepararse para lo que viene.
APOSTILLAS