Si bien algunos sostienen que en el fútbol sólo sirven los hechos, en desmedro de las palabras, éstas son indispensables para entender la realidad y descorrer el velo del engaño. Reconoció haberse equivocado en el primer cambio, sin embargo nada dijo del segundo. Sacar un defensor para incluir un delantero no siempre es sinónimo de osadía. A veces lo es de desesperación. Y el rival leyó bien la movida. El hueco que dejó el central fue perfectamente aprovechado por quien selló el resultado. Palo y a la bolsa. Los cuatro delanteros que terminaron en cancha, sumaron confusión al desmadre general. No hubo claridad, ni pausa, ni cambio de ritmo, ni disparos de media distancia, ni nada. Sólo impotencia en medio del caos.
Ahora muchos ven lo que antes no veían. O se negaban a ver. Y las voces de reprobación se suceden, sin solución de continuidad. Que armó mal el equipo. Que tanto gasto para nada. Que siguen los negociados. Que dónde están los pibes. Que las ideas brillan por su ausencia. Que basta de vender humo. Es cierto, la carrera recién comienza; pero revertir esta situación, de un día para otro, parece un tanto difícil. Los jugadores están para jugar, el técnico para decirles cómo hacerlo en beneficio del equipo. Encontrar el mejor funcionamiento es tarea del entrenador. Si el equipo va a aparecer solo, entonces mucha gente está de más. “Soy optimista, Colón va a pelear arriba. (…) Este grupo no los va a defraudar”. Creer o reventar.
APOSTILLAS