Es cierto, como dijo el técnico, que se vio una recuperación anímica y sin dudas fue Colón el que más buscó la victoria pero le faltaron variantes a la hora de atacar y efectividad frente al arco rival. Ni siquiera pudo capitalizar, durante quince minutos en el primer tiempo, la desventaja del adversario de quedar en inferioridad numérica, ni los quince del segundo que le obsequió el hincha impago para sacar adelante el partido. Al parecer, el nivel que alcanzó en los dos últimos torneos, con una defensa férrea, un medio campo solidario y batallador, aún con deficiencias, y una dupla goleadora implacable, no volverá a repetirse con estos intérpretes. Sólo alcanza a vislumbrarse una renovación que llevará tiempo y paciencia.
La polémica que se perfila, de aquí a la finalización del torneo, es si el “proyecto” de la falsa pertenencia, al caerse una a una las metas fijadas, no comienza a develar el oscuro rostro del fracaso. Salvarse de la promoción –en un encuentro en el que sobrevoló el estigma del soborno–, clasificar a una fase eliminatoria de la copa quedando afuera al cabo de ciento ochenta minutos, y un par de buenas posiciones en sendos torneos asegurando una provechosa sumatoria de puntos pensando en el promedio, no alcanza para colmar las expectativas de una afición ilusionada por festejar la primer jineta en la casaca sangre y luto. Por más que la dirigencia se empeñe en llenar los espacios vacíos con cemento, un aroma a rancio empieza a invadir la atmósfera.
APOSTILLAS
La Destacada: