Bebidos los primeros tragos, Colón bajó el telón de la primera fecha con un resultado inesperado para su afición, frente a un rival que había quedado atravesado como una espina en la garganta desde el último enfrentamiento. Pues, a pesar de la intención, la revancha seguirá en espera. Si bien durante los primeros minutos el sabalé arremetió como malón contra una fortaleza, dejando al adversario sin respuestas, el dominio se fue diluyendo a medida que la definición se hacía rogar por falta de profundidad. Con un solo jugador desequilibrando, aguantando la presión y generando fútbol la cosa se emparejó, hasta que el pibito tiró la toalla y la cancha comenzó a inclinarse hacia el lado contrario. Los cambios nunca entendibles del dt, una vez más, colaboraron para que el resultado final fuera el que en definitiva fue.
El primer test nunca da para el suicidio masivo, especialmente si se tienen en cuenta los argumentos esgrimidos por el entrenador en el torneo pasado. Según su aguda percepción futbolística, todo fluye cuando el equipo se acomoda solo. El, por el momento, tira a la muchachada a la cancha a ver qué pasa; anunciando sorpresas –algunos graciosos hasta creyeron que él podría ser de la partida–, pensando en modificar el esquema de acuerdo a la presencia o ausencia de un ignoto jugador que cuando entró dio penita; en fin… Lo cierto es que todavía quedan dos cartas por jugar, un cinco esperando en las gateras y el goleador histórico dispuesto a batir todos los records. Ese interesante par puede darle al equipo el equilibrio que le faltó el domingo. El objetivo es ambicioso, sólo habrá que imponer sangre y calidad.
APOSTILLAS