lunes, marzo 23, 2009

Abriendo caminos


Triunfo sabalero, catorce puntos acumulados, escolta en la tabla de posiciones… ¿quién le pone un freno a la ilusión? Porque si bien la cabeza sigue mirando hacia abajo, resulta imposible controlar el corazón para que no mire hacia arriba. Domingo a la noche, alegría entre espumas, ni el más conciente de los concientes puede evitar que la ilusión se calce un par de alas y vuele hasta encaramarse en lo alto del más esquivo de los sueños. Ese, que de tan deseado, siempre termina siendo inalcanzable. Nadie puede ponerle un freno a la ilusión. El festejo encapsula, sin querer queriendo, el tema de los promedios hasta convertirlo en un mal recuerdo y le deja el camino libre a la esperanza, esa que nunca se pierde.

El negro fue más, desde el inicio, cuando puso primera e intentó llevarse por delante a su adversario, aunque sin asestar la estocada final. Era cuestión de perseverar, pues no se percibía demasiada resistencia enfrente. Así llegó el bombazo que puso las cosas en su lugar. Hasta ahí, dos rivales en igualdad de condiciones. Lo que siguió después sólo da para concluir que los méritos del negro descontrolaron al visitante, hasta el punto de decretar un final anticipado, sin consistencia para el análisis, pues, sabido es que ningún profesional que se precie celebra desmesuradamente una goleada ante un oponente diezmado. Códigos que no tiene por qué respetar una tribuna embriagada de locura sangre y luto.

Ahora viene lo más difícil. Mejorar la producción y seguir sumando en un fútbol donde la irregularidad se ha trasformado en regla, donde los candidatos suben y bajan con inquietante celeridad, donde mantener el nivel resulta toda una proeza digna de destaque. De cara al receso, el entrenador deberá definir algunas cuestiones. Hace unos días confesó estar en contra de la máxima que reza “equipo que gana no se toca”, por lo tanto la alineación para el próximo encuentro será, como siempre, una incógnita, igual que el planteo de juego. Si la cabeza del grupo no considera fundamental una formación estable y un esquema de juego definido y riguroso, cada partido será una apuesta a la fortuna. ¡Abran juego señores!


APOSTILLAS

Pena, penita, pena. El entrenador recibió una fecha de suspensión, canjeable por una cantidad determinada de entradas. Paga Colón. Por no respetar los quince minutos del entretiempo, la institución ya lleva acumuladas tres sanciones –una correspondiente a la reserva–. Paga Colón. Multa por uso de pirotecnia. Paga Colón ¡Y dale que va!

En vías de extinción. La pertenencia fluctúa junto con el rendimiento del equipo. Tanto así que ayer, tuvo su minuto en cancha un fantasma que no figura, según la web oficial, ni en el listado de profesionales de la institución. Mientras tanto, los pibes siguen esperando su oportunidad, despuntando el vicio en la reserva. ¡Es una lucha!

No le pidan que cabecee. No importa si su presencia en la cancha pasa inadvertida. Su función es enviar la pelota al fondo de la red y punto. Mientras diga presente al momento de enfrentar el arco rival, todo bien. Falta poco para que llegue a los cien y hay que cuidarlo. Nada de desgaste al divino botón. Para eso está la sangre joven. ¡Glup!

Chocolate en rama. A pesar de que el dt dijo, hace un par de semanas, que el morocho no estaba ni para treinta, ni para quince minutos, lo tiró en la cancha desde el inicio y el figurín enloqueció a toda la defensa rival, que no supo si hacharlo, gomerearlo o dispararle por la espalda. Después se desinfló. Físicamente, le falta. Futbolísticamente, cumplió.

viernes, marzo 20, 2009

La distorsión como estandarte


La desfachatez con que algunos personajes del mundo Colón manipulan el significado de ciertas palabras resulta pasmosa. Sin lugar a dudas, el término más recurrente, el que más circula de boca en boca, el más vapuleado por estos días, es el que remite a un estado de cosas ficticio. La dirigencia jura y perjura que este presente es producto de un “proyecto” minuciosamente estudiado, el parodismo a sueldo repite y potencia el argumento central y determinado sector de la afición rojinegra se deja engañar sin pensar en profundidad acerca del tema. Exponer la realidad de este modelo sabalero dos mil nueve como producto de un concienzudo plan de trabajo es una de las grandes falacias de la actual conducción.

Y no sólo puede apreciarse, desde el inicio de esta gestión, un manejo espurio de vocablos castellanos, también es moneda corriente la distorsión de contextos, hechos y situaciones. Sin ir demasiado lejos, es posible encontrar una minúscula prueba en el suplemento institucional que publica el pasquinejo vernáculo, bajo la fachada de sección deportiva, del pasado domingo. Según un escueto recuadro destacado, dieciséis de los treinta y tres profesionales del plantel son pibes surgidos de las inferiores. Tal afirmación, además de un burdo intento de comparación con el adversario de la fecha, parece una tomada de pelo a la masa colonista. Números y nombres significan poco cuando no hay fundamentación seria que los sustente.

Primero y principal, tomando como fuente irrefutable la página oficial, los números no concuerdan. Tal y como se publica en la web, el plantel está compuesto por veintinueve jugadores –extrañamente no aparece el turista con ¿o sin? porvenir–, de los cuales trece son producto de la cantera sangre y luto. Tres ya pueden ser considerados veteranos, otros tres vienen siendo protagonistas más o menos regulares y siete figuran simplemente para la foto. De estos últimos, si bien alguno ha debutado y otros suelen completar el banco de suplentes, está claro que ninguno representa, para el entrenador, una opción válida a la hora de los bifes. La continuidad de un dt y la instalación de apellidos en los medios, no son sinónimo de “proyecto”.

lunes, marzo 16, 2009

Melodía interrumpida


Hacía tiempo que la afición rojinegra no vivía una semana tan animada. Con el sabalé invicto, segundo en la tabla y dispuesto a aprovechar la posibilidad de alcanzar la punta, la fiel parcialidad no dudó en sumarse a la movida ganadora y acompañar tamaña aventura. La mayoría se animó a jugar todas las fichas a favor de un buen resultado. Los más osados, arriesgaron un triunfo. Los más medidos, un empate. Ningún colonista se permitió barajar la alternativa de una derrota. En el seno del plantel, también, se respiraron aires más que optimistas; bromas, aliento, entusiasmo y mucha actitud positiva marcaron las horas de la concentración en Baires. La previa anunciaba un encuentro interesante.

Tal vez, en medio de tanta euforia, muchos pasaron por alto un detalle que se manejó en todos los ámbitos interesados como a la pasada. Una pequeñez que fue diluyéndose a medida que pasaron los días y que terminó siendo superada por la impronta triunfalista. La especulación. Que el adversario llega cansado, que tiene la cabeza en otra cosa, que no juegan las figuras, etc., etc., etc. En este modelo Colón, tan limitado, la especulación suele ser un tema siempre subyacente, inclusive a la hora de armar el equipo según la ocasión y el adversario. Quizás esta cuestión sea la mayor evidencia de que al negro le falta un poco, todavía, para resultar, cuanto menos, confiable. Enfocarse demasiado en el rival, está comprobado, distrae.

Es así que después, los culpables de la adversidad, los chivos expiatorios, son otros. En este caso, el juez del encuentro. Al parecer, los hombres de negro son el blanco preferido del entrenador a la hora de descargar frustraciones. “El árbitro definió el partido con la expulsión”, dijo el dt. Una sanción que sobrevino a los treinta y seis minutos del segundo tiempo. Cierto es que aún estaba a tiempo de germinar el empate, pero, como ya lo demostró el conjunto en anteriores oportunidades, un hombre de menos no hace gran diferencia. Dónde sí estuvo la disparidad fue en el nivel futbolístico. A uno le alcanzó con un par de minutos de lucidez y al otro –atendiendo a las quejas de AM– no le fueron suficientes ochenta y uno.


APOSTILLAS

Mea culpa. En los vestuarios, luego de la derrota, el más autocrítico fue el goleador histórico. Quizás porque a raíz de un mal pase suyo, en las puertas del área rival, se gestó el primer gol del dueño de casa. Fastidioso, como siempre cuando no le salen las cosas, se dedicó a refunfuñar todo el partido y se ganó la amarilla inútilmente. ¿Cuándo aprenderá?

Nene en rojo. Segunda expulsión en cinco partidos jugados. No hay excusa que atenúe una reacción semejante. Ni los nervios, ni las pulsaciones al máximo, ni la avivada del agredido. Un profesional debe saber cómo controlar las tensiones que se generan durante un encuentro. Esperar que el cuerpo técnico imponga un orden es mucho pedir ¿no?

Mirada sesgada. “No la considero una actitud valedera para expulsión”, opinó el vocero oficioso acerca de la reacción de AC para con el pibe alcanza pelotas. ¿Cuál sería su postura si la situación se diera en el Brigadier y exactamente a la inversa? El parodismo a sueldo, que interpreta el reglamento con el bolsillo, revuelve las tripas. ¡Puajjj!

Tarea titánica. ¡Qué difícil se le hace a los obsecuentes explicar lo inexplicable! Balbuceos, tartamudeos y hasta furcios se entremezclan en medio de una justificación inentendible. ¿Por qué el plantel no entrena diariamente en el predio? Porque “tal vez”, “por allí”, “a lo mejor”, “en una de esas”, el terreno aún no esté en condiciones para la práctica. ¡Ufff!

jueves, marzo 12, 2009

Utopía versus realidad


Hace un par de domingos, en un medio gráfico de distribución nacional, un perspicaz analista deportivo le dedicó su habitual columna a un ejemplar autóctono muy en boga en el fútbol moderno, el comúnmente conocido como “vende humo”. Cavilando acerca del tema, el escriba planteó su desacuerdo con la sentencia que relaciona la poca contracción al trabajo con el “mayorista de humaredas”. Muy por el contrario, “construir con fina paciencia de artesano una realidad paralela que disimule la falta, multiplique la virtud, seduzca a las masas y eleve la autoestima hacia cumbres inexploradas, no es moco de pavo. Requiere de una dedicación absoluta y alta vocación de poder. No es para cualquiera”, argumentó.

Unos podrán coincidir, otros no. Lo cierto es que la estructura conceptual está armada con meticulosa y acertada precisión. Ahora bien, para que el modelo en cuestión funcione como tal es necesario un engranaje que lo active y otro que lo sostenga, más allá de sus propios esfuerzos. Por un lado, puede inferirse que cierto tipo de dirigencia suele verse identificada con determinado estilo de conducción técnica. Algo así como: tal para cual. La prensa, cierra el círculo. Algo así como: para que el humazo se expanda hacen falta buenos vientos. La puesta en escena se completa con el auditorio que aplaude o sufre, según la suerte del astuto vendedor. Si la pifia, no lo extrañarán; si la pega, le rendirán eterna pleitesía.

En rigor, a los cultores de esa particular forma de sobrevivir en el mundillo del fútbol no les ha ido del todo mal. Como cualquier otro en el ambiente, han alternado buenas y malas. Las preguntas que se imponen son ¿vender humo es sinónimo de fracaso? ¿Debería ser? ¿O no? Si al vendedor de humo le sonríe la realidad ¿deja de ser vendedor de humo? ¿La clave estará en la perseverancia? En esta absurda cotidianidad todo es posible. Más aún, cuando están en juego los sueños de miles de simpatizantes. Sabido es que la pasión por los colores no admite reflexión alguna. De todos modos ¿cuál sería la culpa del traficante de mercancía apócrifa? Si se vende es porque alguien compra. ¿O será que se compra porque alguien vende?