jueves, julio 03, 2008

Pican, pican, los mosquitos


En medio de la algarabía por el triunfo, y rodeado de micrófonos complacientes, el flamante presidente reelecto les brindó unas palabras de su remanido discurso a quienes dijo "se dedicaron durante dos años sistemáticamente a criticarme". A nadie que maneje, en cualquier ámbito, una determinada cuota de poder le gustan las críticas fundamentadas porque movilizan la capacidad más poderosa que tienen las personas. En este caso particular, abogar por la uniformidad de pensamiento en los medios es extremadamente repugnante pero no extraña. El "biondo gnocchi", como todo político que se precie, adora a la prensa adicta y defenestra a la que cuestiona porque, según su particular punto de vista, una colabora con la causa y la otra no.

"Creían que criticaban a este presidente pero criticaban a una institución", señaló GL, convencido de la impunidad que la expresión encierra. Escudarse en una simbiosis delirante –típica del populismo barato–, donde no hay lugar para los cuestionamientos, le permite cerrar el círculo en sí mismo y sus decisiones, acompañado al unísono por el parodismo vernáculo a sueldo. Así está Colón. ¡Y encima no le basta! En cierto modo es comprensible, acostumbrado a moverse bajo el cobijo de tanta opinión comprada, debe ser difícil digerir que una dupla que combina trayectoria con opinión seria no forme parte de su corte genuflexa. Salvando las distancias, puede oírse un tintineo conocido, que remite a una realidad más amplia y más cotidiana.

El dúo en cuestión, dentro de la paupérrima oferta local, practica una suerte de periodismo crítico que supera con holgura al resto de la fauna mediática, ocupada en rellenar espacios con información ordinaria y opiniones tan laxas como poco comprometidas con la realidad. Sabido es que el pasquinejo jamás morderá la mano que le da de comer, que la emisora académica no va a tirarse contra una astilla del mismo palo, que en la otra radio pululan los miedosos y otras yerbas, que las mañanas enredadas son obsecuentes a morir y que en la tv circula un mejunje de las mismas conocidas caripelas, entonces sólo queda para rescatar la pareja de los mediodías que, gracias a la dedicatoria del pope colonista, sin dudas seguirá haciendo roncha.

lunes, junio 30, 2008

Lo peor, sigue


En el día del ñoqui, mil quinientos sesenta y tres socios, sobre un total de siete mil quinientos veintinueve habilitados para sufragar, decidieron la continuidad de la falsa pertenencia. De la mentira, del discurso barato, de la ineptitud, de la patota dirigencial, de los robos a la salida del estadio, de la barra a sueldo, de las opiniones pagas. Entre tanto voto vergüenza, llamó la atención la actitud de muchos carcamanes que salían del Otrino con la cabeza gacha, como con sentimiento de culpa. Está claro. GL no goza de la simpatía de sus votantes; a pesar de ello, unos cuantos optaron por adherirse al mediocre slogan del malo conocido. Un espejo de sí mismos. Aunque cueste aceptarlo, ésa es la triste realidad. Y un pequeño detalle: si algo sale mal, será difícil encontrar a alguien que se haga cargo.

Asimismo, en el día del ñoqui, dos mil doscientos ochenta y siete socios, le dieron la espalda a la falsa pertenencia. Ahí está la mayoría. Habrá que destacar la buena elección que hizo LH, que GA conservó casi el mismo caudal de votos que en la última contienda y que el oficialismo logró un porcentaje de adhesión menor al obtenido hace dos años atrás. Ahora bien, si se tiene en cuenta la cantidad de colonistas que colmó el Brigadier en la última fecha del torneo, y los miles de socios que dice tener la centenaria institución, la módica suma de mil quinientas boletitas a favor no amerita festejo alguno. Lo cierto es que una cosecha tan magra le otorga al oficialismo un alto grado de vulnerabilidad respecto de los pasos a futuro. Cualquier pifiada volverá a despertar la ira de la afición en su conjunto.

Por otro lado, el resultado final reveló que el acto de contrición del innombrable no tuvo mayor relevancia en la determinación final. Es probable que la decisión de no presentarse a cumplir con su compromiso de asociado haya caído mal en el ánimo de sus otrora seguidores. Con la cosa juzgada, entonces, sería saludable que los derrotados cierren filas con el objetivo de fiscalizar la continuidad. Las dos cabezas de grupo serán sumamente importantes a la hora de ponerle un límite a las acciones que, a la luz de lo hecho hasta ahora, nadie asegura sean acertadas. También sería bueno terminar con la gastada muletilla de los palos en la rueda, porque ante la debacle alguna voz tiene la obligación de alzarse. Es lo mínimo que se espera de una oposición responsable. Porque ante los hechos consumados, no hay tutía que valga.

sábado, junio 28, 2008

De festejo en festejo


Colón conservó la categoría, este espacio cumple hoy dos años y mañana habrá nueva conducción. Para celebrar, y dar por cerrado un ciclo institucional y deportivo espeluznante, nada mejor que homenajear al artífice exclusivo, y excluyente, de los últimos veinticuatro meses de la historia colonista. Un personaje que, en el futuro, será recordado con una mueca de resignación y un dejo de nostalgia; no sólo porque resultará increíble que semejante paparulo haya tenido la posibilidad de conducir los destinos de la centenaria entidad sino porque no habrá ninguno que pueda igualar su nivel de cháchara vacua y jactanciosa.

A modo de despedida, entonces, vale la pena destacar una última frase –una de las tantas que supo acuñar en este período inolvidable– que lo identifica en toda su dimensión como genio y figura de una casta impresentable. En ocasión de su visita a las mañanas obsecuentes, ostentando por última vez la investidura presidencial, habló, por supuesto, de sí mismo, del proyecto de la falsa pertenencia ["Queremos profundizar lo que venimos haciendo" (recontrasic)] y del clima preelectoral. Al respecto, y en clara alusión a sus más férreos detractores dijo que "a algunos les molesta demasiado la impronta que yo le puse al gobierno de la institución". ¡Una joyita!

Por eso, y muchas cosas más, se lo extrañará. Es de imaginar que también lo echarán de menos quienes picotearon de su generosa mano. Será interesante observar qué postura adoptará, desde mañana, la caterva de payasos mediáticos que tanta saliva y tanta tinta gastó en inflar al sujeto en cuestión. Habrá que señalar también que, gane quien gane la elección, deberán terminarse los sobres que alientan al periodismo rastrero vernáculo a desparramar elogios sin fundamentos valederos. Para hacer grande a la institución no es necesario arrear rebaños de adeptos serviles. Para hacer grande a la institución hace falta capacidad, seriedad y compromiso. Lo demás, viene solo.

jueves, junio 26, 2008

El final de la impostura


A pocas horas del inicio de la veda electoral, quien hace dos años encumbró a la falsa pertenencia, hoy la sepultó. El innombrable habló desde el sitial donde lo posicionó la historia sabalera y con dedo inquisidor calificó a la actual conducción de mentirosa, mediocre y despilfarradora. "Estoy seguro de a quién no votaría", dijo lapidario y se despachó a gusto contra la prole oficialista, decidido a echar por tierra las paparruchadas que GL y cía. han levantado como bandera en pos de su reelección. El camino lo había iniciado hace unos días JA, amigo personal del ex pope, al exigir públicamente explicaciones respecto de los "escandalosos" números del inconcluso predio.

Así las cosas, podría decirse que el destino del "biondo gnocchi" está sellado. Si algún despistado tenía intención de volver a depositar su confianza en él, la palabra del máximo prócer colonista –tan valorada por los socios que padecen fiaca mental–, pulverizó las ilusiones de la continuidad. Los merecimientos no son casuales. Hay pruebas suficientes del fracaso de esta gestión y de las patrañas que intentaron, por todos los medios habidos y por haber, venderle al socio para inclinar la balanza a su favor, inclusive con matones profesionales tratando de amedrentar a quienes alzaron la voz en contra del embuste generalizado. Las urnas deberán dar testimonio.

Pues bien, de los dos candidatos y medio que quedan saldrá el próximo presidente de Colón. No hay misterios. Las propuestas fueron dadas a conocer, los nombres son conocidos, las trayectorias son públicas. Sería saludable que el domingo los votantes demuestren su compromiso con la institución y que elijan a conciencia quien será el encargado de administrar los próximos dos años de la centenaria entidad, dejando de lado la habladuría barata, priorizando los proyectos. Es bueno recuperar la esperanza en el futuro, renovar las expectativas y pensar que la institución tiene una nueva oportunidad de encaminarse hacia la cúspide. "Hay que volver a las fuentes", se escuchó en estos días. Un apotegma que debería marcar el rumbo del cambio.